La nacionalización electoral
Fuente: http://www.lahistoriaparalela.com.ar
Un buen índice del descalabro político e ideológico, de la subversión de los valores y del rumbo perdido que lleva el país (como se decía de las carabelas de Colón; que al partir no sabían a donde iban, en medio del mar no sabían dónde estaban, y al tocar tierra no sabían dónde habían llegado) se ve reflejado en la campaña política para la elección del intendente de la ciudad; el despliegue de publicidad y de medios, el derroche de dineros públicos invertidos en la promoción del candidato oficialista y la desvergonzada intervención del poder ejecutivo nacional, en flagrante violación a la constitución de la república; para obtener, a cualquier costa, el triunfo de su títere (a la sazón, ministro de mala educación) superan en mucho lo que cualquier persona normal podría soportar.
Parecería asistirse a la campaña política de una elección nacional y no como se trata, en rigor, de una municipal, no hay ninguna relación ni ninguna proporción entre lo que se va a elegir y lo que se cree elegir o lo que se pretende hacerle creer a la gente que se va a elegir. Por el contrario, todo parece indicar que en las próximas elecciones municipales estaría en juego el destino de la nación en su conjunto.
Cierto es que las votaciones tendrán lugar en el distrito más importante del país, esto es, el de la capital federal, pero aun así y con todo, el dato no deja mas que al desnudo, el macrocefalismo de la ciudad y el grado de centralización existente en un país que; aun figura en sus textos políticos como “federal”; cuando del tan cacareado federalismo, no quedó mas que la intención de aquellos tempranos, respetables –y ya olvidados- constituyentes de 1853.
Pero volviendo al presente, la caricaturesca campaña política oficialista, ausente de propuestas concretas, basada exclusivamente en la permanente descalificación hasta el insulto contra el candidato opositor, dirigida desvergonzadamente por el propio presidente de la nación, muestra no solo la pobreza y ausencia de proyectos e ideas de parte de quien conduce los destinos del país; sino la ya tantas veces denunciada falta de respeto absoluto por la legalidad, las formas y las instituciones fundamentales de la nación.
Un presidente estancado en el pasado, con ideas políticas perimidas, portador de odios indisimulados, que alienta permanentemente el rencor y el aborrecimiento entre sus connacionales, ignorante hasta la saciedad de cualquier noción elemental de economía política, de aspecto y modales grotescos, carente hasta del sentido del ridículo, pretende ser el actor y protagonista central de una elección municipal.
¿Cabe ya alguna duda de que este “señor” es un totalitario; que en su voracidad por el poder no desea dejar resquicio alguno sin dominar y pretende consolidar su hegemonía sobre el distrito federal a cualquier precio? Es que ¿no queda claro aun, que esta personalidad esquizofrénica que conduce los destinos de la nación (para desgracia de esa nación) no verá hartada su sed de dominación hasta que el rincón más pequeño del país se encuentre bajo su completa hegemonía y opresión?.
No es casual que tanto en la propaganda como en el centro del debate estén completamente ausentes los verdaderos temas que atañen a la ciudad, e inopinadamente, de lo que los candidatos hablan, son de políticas nacionales y no municipales; pero es que ni siquiera de políticas nacionales ellos hablan, excepto para descalificar el candidato oficialista al opositor y éste, lógicamente, en su defensa, ha debido de tocar las mismas temáticas.
Es que en una campaña política por la intendencia de un distrito, en cualquier país normal y serio, lo que se esperaría escuchar, es, por ejemplo, como se optimizaría el aspecto de la ciudad y los servicios que en ella se prestan, con una mejor calidad y a un costo de impuestos mucho más bajo; esta si, sería una buena noticia para el votante capitalino y si la oferta resultara convincente y atractiva, serian este tipo de cuestiones las que lo volcarían a votar a uno o al otro, según cual de ambos le pareciera que está en mejores condiciones de hacer una buena administración.
Pero esta clase de propuestas –que de haberse dado, serian de verdadero interés municipal- se encuentran casi totalmente omitidas en las declaraciones con las que a diario nos aturden los candidatos y quienes desde sus respectivos equipos, los apoyan o los combaten; en su lugar, asistimos a un absurdo debate “ideológico” de temas que exceden por completo la órbita a de lo municipal y se elevan hacia “alturas” que entrarían de lleno en lo que son verdaderas políticas nacionales.
Y así, presenciamos con perplejidad, a un furioso intercambio, en el cual, los candidatos a la intendencia, hablan de temas tales como, por ejemplo, sus respectivas “posiciones” respecto a las fuerzas armadas, el último gobierno militar, las relaciones internacionales o la economía nacional (???); tópicos todos que sería lógico escucharlos si el marco en el que se vertieran fuera una elección nacional, pero que resultan completamente absurdos -por desmedidos, fuera de contexto y de jurisdicción- en lo que se esta disputando, que es la administración de un municipio, por muy “importante” que este sea.
¿Que significa todo esto? Que lo municipal es la excusa y que lo nacional es el plato de fondo que se esconde detrás de esta elección; la votación por la intendencia es el pretexto, el trampolín desde el cual los actuales candidatos a la jefatura del distrito aspiran a mejorar sus posiciones políticas con vistas a la futura elección nacional; no tanto, quizá, para aspirar a los primeros puestos, pero si para ir subiendo puntos en las encuestas que a la postre los animen a postularse para cargos mas y más ambiciosos.
Pero ¿y las necesidades del habitante de la ciudad? Desde luego, ellas no cuentan para esta clase de gente, porque en un “país” como la Argentina, no está en la mira del funcionario público la función pública; nuevamente, ésta (la función pública) es –meramente- la excusa por medio de la cual, el burócrata procura consolidar su posición de tal; para continuar lucrando a costa del bolsillo del castigado contribuyente, a quien se le pide su voto solo para seguirlo expoliando impiadosamente.
Baste señalar que con cualquier intendente (pomposamente rotulado hoy como “jefe de gobierno”) un superficial vistazo de todos los presupuestos municipales de –digamos- diez años a esta parte, no han hecho mas que acrecentarse; en tanto, ya sea el aspecto de la ciudad como el de los servicios que en ella se deberían prestar (nótese que digo ex profeso “se deberían”) son rotundamente cada vez menos y mas malos.
Y lo de “jefe de gobierno” da risa por lo ostensiblemente ridículo de la fórmula, toda vez que la pretendida “autonomía” de la ciudad no es tal, como tampoco es tal el supuesto carácter federal del país, así como –en la misma línea- tampoco es tal la hipotética condición de república de la nación. Todas estas figuras, con las que, de escolares se nos ha deseado deslumbrar y admirar, en Argentina, no pasan de formar meros episodios de una grotesca novela de política-ficción, género que, dicho sea de paso, apasiona a los argentinos, tanto o mas que el fútbol y el asadito de los fines de semana.
Autor: Gabriel Boragina

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