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CON EL PODER DESTRUCTOR DE LA MENTIRA 2

PODER DESTRUCTOR DE LA MENTIRA

PARTE 2

LA MULTINACIONAL TERRORISTA

Quienes hoy apuntan sus acusaciones al llamado Plan Cóndor ocultan que, entre 1967 y 1979, los autodenominados ejércitos terroristas desarrollaban una guerra revolucionaria integrados en una red internacional, con organización y apoyo logístico de la Organización Latino Americana de Solidaridad (OLAS) desde 1967 y la dirección de Fidel Castro. Durante un discurso ante la Asociación de Economistas de América Latina y el Caribe, había dicho:

El Che llamó al mundo para crear uno, dos, muchos Vietnam, un gran Vietnam. [...] En el único lugar donde no intentamos promover la revolución fue en México. En el resto, sin excepción, lo intentamos [...]. (56)

En la reunión inicial de la OLAS en 1967, como vimos, se estableció, entre otras resoluciones, que el primer objetivo de la revolución popular en el continente es la toma del poder mediante la destrucción del aparato burocrático militar del Estado y su reemplazo por el pueblo armado para cambiar el régimen social y económico existente; dicho objetivo sólo es alcanzable a través de la lucha armada. Tal axioma se adecuaba perfectamente a una sentencia de Lenin: Ninguna revolución se realizó, ni puede realizarse, sin contar con la previa desorganización del ejército.

Pero para cumplir ese objetivo era necesario provocar a las Fuerzas Armadas, sacarlas a la calle y empeñarlas en una guerra revolucionaria para la cual, suponían los terroristas, no estaban preparadas. Y con ese propósito comenzaron a acrecentar drásticamente sus acciones para provocarlas, infundir el terror y el miedo en lapoblación, y así forzar al gobierno constitucional a emplearlas en el conflicto. Su lucha no era frontal sino selectiva y sistemática, dirigida a objetivos que pudieran mermar la legitimidad del Estado por la vía del temor, para obligarlo a generar una respuesta desproporcionada.

Ya en 1974, el ERP comandaba una verdadera organización multinacional terrorista regional llamada Junta Coordinadora Revolucionaria (JCR), una red operativa pergeñada por el Partido Comunista de Cuba, con el cual el ERP trabajaba en estrecho contacto para mantener el control del proceso revolucionario continental. El lanzamiento internacional de la JCR se realizó en Chile en noviembre de 1972. Con una sede en París -coordinada por el cubano Fernando L. Chávez Álvarez, cuñado de Guevara-, luego trasladada a Lisboa, congregaba, además del ERP, a las organizaciones más identificadas con el marxismo-guevarismo: los Tupamaros uruguayos, el Ejército de Liberación Nacional (ELN) boliviano y el Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) chileno. De todo ello daban cuenta sendos editoriales de las publicaciones del ERP El Combatiente el 13 de febrero y Estrella Roja el 4 de marzo. Aunque no tuvo trascendencia por lo efímero de su duración, se intentó incorporar al Partido Revolucionario Paraguayo (PRP), que fue neutralizado en 1974, apenas iniciada su formación. (57)

La Junta, después de una reunión secreta realizada en Tucumán en mayo de 1975 por sus miembros más encumbrados, puso en marcha una operación destinada a iniciar la lucha armada para "la liberación del Hemisferio Occidental", a la que denominó Plan Tucumán. Descubierto ese plan por la policía argentina unos meses después y ante la reacción coordinada de varios países latinoamericanos para impedir su realización, los miembros de la JCR decidieron buscar refugio en Europa, especialmente en Suecia, cuyo primer ministro Olof Palme era famoso por la "hospitalidad" que brindaba a fugitivos de todo el mundo. Dice al respecto Claire Sterling, destacada investigadora de las redes internacionales de terrorismo: Viviendo en el país, con subsidios generosos del gobierno [Suecia, 1977] se encontraban 400 desertores del ejército estadounidense, 4.410 argentinos, 397 bolivianos, 492 brasileños, 2.411 chilenos, 344 colombianos, 214 peruanos y 372 uruguayos

[...] Algunos de ellos eran simples refugiados y otros no tan simples. Para los terroristas profesionales que buscaban

un refugio o reposo y recreaciones, Estocolmo [...], era un hogar fuera de la patria.

Y refiriéndose a los "refugiados" latinoamericanos, agrega: Muchos de sus mejores guerrilleros estaban ya refugiados allí y la consecuencia fue la constitución de una Guerrilla Latinoamericana en Europa. Cuando su fuerza estuviera completa, se suponía que la brigada incluiría a 1.500 terroristas latinoamericanos competentes. Cerca de la mitad de ellos se encontraban ya sobre el terreno, dispersos por el continente europeo y en Medio Oriente. La brigada tenía que [...] establecer un enlace con el movimiento terrorista europeo, crear una atmósfera de pánico en el continente [americano] mediante actos terroristas, liberar a prisioneros políticos y acumular un botín de guerra, principalmente mediante rescates por secuestros y asaltos bancarios. (58)

"Operación Leo" u "Operación Europa" se denominaba el plan de los terroristas europeos, que dirigidos desde Estocolmo por el alemán Norbert Kröcher tenía por finalidad desestabilizar a la mitad occidental del continente europeo, desde Escandinavia a Gibraltar. Iniciaron su accionar en Francia, Alemania Federal e Italia, en apoyo de la liberación de terroristas presos, especialmente los de la banda alemana Baader Meinhoff. La Brigada Latinoamericana participaba de esas acciones. Arrestado Kröcher en abril de 1977, el plan cayó y produjo un reguero de reacciones antiterroristas: hubo expulsiones y juicios de subversivos de todas las nacionalidades en Suecia, en Alemania Federal, Francia e Italia. Dice Sterling en su crónica: Al interrogar a los cómplices latinoamericanos de Norbert Kröcher, la policía sueca los acusó directamente de actuar bajo las órdenes de una formación respaldada por Cuba que se denominaba Junta de Coordinación Revolucionaria. Muchos fueron expulsados de Suecia y otros países de Europa, aunque sin juicio.

Ricardo Burzaco, en su libro Infierno en el monte tucumano, indica: En Roma fueron detenidos y expulsados gran cantidad de subversivos pertenecientes a Montoneros [...] Gran parte de los guerrilleros argentinos expulsados de Europa, recalaron en Nicaragua y formaron parte de las fuerzas sandinistas. Los detalles completos del Plan Tucumán u Operación Europa, fueron publicados por el Economist Foreign Report el 23 de marzo de 1977. El más minucioso y completo relato de las acciones coordinadas y dirigidas por Kröcher puede encontrarse en el libro Operation Leo escrito por Hans Hederberg.

Decir que "el terrorismo argentino no era internacional, sino local" no sólo es un grueso error sino una gran mentira como ha quedado atestiguado -entre otros muchos documentos de la época- en la revista Estrella Roja (órgano del ERP) del 4/03/74, que menciona la "declaración conjunta" realizada ese año por el MLN (Uruguay), el MIR (Chile), el ELN (Bolivia) y el mismo ERP de Santucho, para [...] llevar a la práctica el principio del internacionalismo proletario y revolucionario [...].

La finalidad de las organizaciones integrantes de la JCR era unificar estrategias y procedimientos para la toma del poder mediante la lucha armada en sus cuatro países, fijar pautas de colaboración política, material y financiera entre ellas y establecer una Escuela de Cuadros común que permitiese la formación de líderes revolucionarios capaces de coordinar su acción. Disponían de importantes bases de operaciones establecidas en Francia, Portugal, Italia, España, Suiza, Suecia, Paraguay y Venezuela, contando para ello en esos países con el apoyo de las izquierdas social-demócratas vernáculas. De hecho, el ex presidente Mitterrand y su esposa apoyaron, en más de una oportunidad, a notorios subversivos argentinos en sus giras europeas a mediados de los años 70.

La idea de lograr la unidad de esos grupos revolucionarios marxistas se constituyó en la razón de ser de la JCR, para lo cual procuraron lograr e intensificar los contactos con organizaciones extremistas de Sur y Centro América e incluso de los EE.UU. En abril de 1975, la JCR celebró su primera conferencia pública en Portugal para anunciar la apertura de sus sedes en Lisboa y París. Para esa fecha ya se habían establecido fluidas relaciones y contactos periodísticos con organizaciones terroristas subversivas de Europa, como ETA-Patria Vasca y Libertad (España), Brigadas Rojas (Italia), Baader Meinhoff (Alemania) e IRA (Ejército Republicano Irlandés).

Se reunieron así casi 50 mil terroristas luchando en 5 países bajo la conducción de Manuel Piñeyro (Barba Roja) -jefe del Departamento América del Partido Comunista de Cuba en el Ministerio del Interior de Cuba- y su esposa, quienes coordinaban desde La Habana las acciones guerrilleras de decenas de movimientos de izquierda que se entrenaban en Cuba. Él entrenó en la lucha de guerrillas, y en la fabricación y uso de armas y explosivos, a casi 3.000 guerrilleros argentinos que pasaron por aquella isla.

Al hacerse pública la existencia de la JCR, la reacción de los países agredidos fue establecer normas de apoyo mutuo y coordinación de inteligencia, para prevenir y desbaratar los ataques de esa supranacional del terrorismo, organización a la que se dio en llamar "Plan Cóndor".

LA GRAVEDAD DE LA SITUACIÓN EN 1975

La violencia política, la corrupción y la ingobernabilidad eran las claves que determinaban la política a comienzos del año 1975. La extremada gravedad de la situación, con un Estado débil, errático y en crisis -social, política y económica-, y una población civil aterrada por los múltiples y arteros atentados terroristas, había llevado al ministro de Defensa, Tomás Vottero, a expresar: [...] que ante la lucha total, sofisticada y compleja, despiadada, diabólica y criminal, promovida por la subversión armada, queda una sola alternativa, el exterminio total del enemigo. La posición del ministro reflejaba el criterio sustentado por numerosos dirigentes políticos, impresionados por la guerra e impotentes ante la cruel embestida terrorista, de emplear las Fuerzas Armadas para combatir la subversión. Paradójico resultaba que quienes habían fomentado la subversión eran ahora quienes pedían que se la aniquilara.

La gravedad de la situación en 1975, debido a la frecuencia y extensión geográfica de los hechos terroristas, constituyó una amenaza para la vida normal de la Nación, estimando el gobierno nacional que los organismos policiales y de seguridad resultaban incapaces para prevenir tales hechos. Ello motivó que se dictara una legislación para la prevención y represión del fenómeno [...]. (2)

Decidir en esos días el empeñamiento de las FF.AA. en el conflicto era un acto de gravedad extrema que debía ser resuelto a conciencia por las autoridades. Y así lo decidió el gobierno constitucional a través de los siguientes decretos:

* Nº 261 "S" del 5/02/75 (origen formal de la denominada Operación Independencia) dictado por la presidente M. E. M. de Perón, ordenando al Comando General del Ejército [...] ejecutar las operaciones militares que sean necesarias a efectos de neutralizar y/o aniquilar el accionar de los elementos subversivos que actuaban en la Provincia de Tucumán donde, desde principios de 1974, el PRT-ERP operaba con su Compañía de Monte "Ramón Rosa Jiménez" (59) para establecer una zona liberada con reconocimiento internacional, mientras hacía aprestos para instalar otra en el Chaco (lo rubricaron: los ministros Benítez, Rocamora, Savino, Ivanissevich, López Rega, Gómez Morales, Vignes y Otero).

* Nº 2.452 del 6/09/75: dictado por la presidente M. E. M. de Perón, en cuyos considerandos se afirma que [...] el país padece el flagelo de una actividad terrorista y subversiva que no es un fenómeno exclusivamente argentino. Que tal internacionalización dificulta en gran medida la total represión del terrorismo y el proceso de pacificación argentino, lo que exige extremar las medidas tendientes a este objetivo [...] Que esa actitud configura el delito de sedición [...] que nada justifica la asociación ilícita creada para la violencia y los hechos que la produzcan y la fomenten [...] que en tal situación se encuentra el grupo subversivo Montoneros sea que actúe bajo esa denominación o cualquier otra (rubricado por los ministros Damasco, Garrido, Emery, Corvalán Nanclares, Ruckauf y Arrighi).

* Nos 2.770, 2.771 y 2.772 del 6/10/75: una angustia estresante ante la ingobernabilidad manifiesta obligó a la Sra. de Perón a tomar licencia por prescripción médica, debiendo hacerse cargo del Ejecutivo el 13/09/75, el Vicepresidente Provisional del Senado Dr. Ítalo Luder, quien, ante la escalada terrorista marcada el día anterior por el asalto al cuartel de Formosa, emite estos decretos mediante los cuales subordina las Fuerzas de Seguridad y policiales provinciales al PEN y amplia la misión de las Fuerzas Armadas a todo el territorio de la Nación. El primero constituía los Consejos de Seguridad Interior y de Defensa, estableciendo sus competencias; el segundo colocaba bajo control operacional del Consejo de Defensa al personal y medios policiales y penitenciarios para su empleo en la lucha antisubversiva; y el último disponía: Las FF.AA., bajo el Comando Superior del Presidente, que será ejercido a través del Consejo de Defensa, procederán a ejecutar las operaciones militares y de seguridad que sean necesarias a los efectos de aniquilar el accionar de los elementos subversivos en todo el país (lo rubricaron los ministros Manuel Araux Castex; Tomás Vottero; Carlos Emery; Antonio Cafiero; Carlos Ruckauf y Ángel F. Robledo).

¿Cuántos asesinatos, secuestros y actos de terrorismo tuvo que soportar la sociedad para que el Poder Ejecutivo dispusiera la contraofensiva terrorista? ¿Cuántas personas inocentes tuvieron que morir para que el Congreso se diera cuenta de la gravedad de la situación? Se comenzaba a notar el nerviosismo que se vivía y ya nadie quería más atentados. El 17 de octubre, asumió nuevamente la presidencia la Sra. de Perón.

LA INEXISTENCIA DE HERRAMIENTAS LEGALES ANTISUBVERSIVAS. ¿LOS RESPONSABLES?

Como señala el FORES en Definitivamente... nunca más: [...] lo cierto es que en 1974, cuando el gobierno de Isabel Perón da las primeras órdenes de represión, no existían en la Argentina vías legales adecuadas y eficientes para combatir la subversión. Ésta es una realidad irrefutable. La cuestión es, entonces, analizar cómo se llegó a esta situación y quiénes son los responsables. (60)

Y agrega: [...] recae, en primer lugar, en los políticos que entonces actuaban en los partidos mayoritarios. Ninguno de ellos supo analizar la situación y comprender la profundidad que el tema tenía para el futuro del país. Ninguno supo vislumbrar la gravedad de la situación y de las decisiones que debían tomar. Los dirigentes de ambos partidos cayeron en actitudes demagógicas y cedieron a la presión de la subversión y de quienes, directa o indirectamente, les hicieron el juego [...] Una parte del periodismo, también fue responsable, en la medida que apoyó calurosamente lo actuado. Llegó luego el vaciamiento de la Justicia. En este caso, la responsabilidad debe atribuirse al partido peronista en forma especial, pues con propósitos de comité, la propició y consumó. La ciudadanía, casi sin excepciones, permaneció callada. (61)

A su entender, cinco causas principales contribuyeron a ello, amén de otras de menor importancia:

- la Ley de Amnistía,

- la disolución de la Cámara Federal en lo Penal,

- el vaciamiento de la Justicia,

- la derogación de las leyes antisubversivas y

- las acciones de los terroristas para eliminar vías legales.

Refiriéndose luego a la responsabilidad de la subversión en los métodos de la represión dice:

La subversión asoló América con toda premeditación, sabiendo que sus instituciones eran débiles y sus sistemas de aplicación de la ley ineficientes. Previeron y buscaron el surgimiento de la represión ilegal y los réditos políticos que les depararía frente a la comunidad internacional y trabajaron para lograrlo. Es por ello que los terroristas buscaron desafiar a los gobiernos constitucionales peronistas para que los combatieran fuera de la legalidad, ya que eso favorecía a sus miembros, presentándolos al mundo no en su real papel de delincuentes internacionalmente peligrosos sino como las víctimas de una represión ilegal.

La estrategia inicialmente adoptada para lograr la destrucción de las vías legales fue jaquear y combatir a la Cámara Federal en lo Penal Especial, desafiando a sus magistrados e instándolos a que se los combatiera con las mismas armas que ellos, alegando que con el sistema legal jamás los vencerían. Esto demuestra que ya en 1971 los terroristas tenían claro su objetivo, orientándose hacia fines muy definidos:

1) impedir el funcionamiento de las vías legales atemorizando a los jueces,

2) jaquear y provocar a las FF.AA. y

3) provocar la "injusticia" de la represalia, que siempre conlleva la adhesión de las organizaciones humanitarias. (62)

Nadie asumió, ni entonces ni hoy, la responsabilidad en el proceso de destrucción de las vías legales que, a partir del 25 de mayo, abrieron las de la guerra. Decía el FORES: La Justicia prácticamente dejó de existir en la generalidad de los casos y especialmente en el juzgamiento de la subversión, no habiéndose registrado una sola condena por actos terroristas a partir de 1973 (63). Los diarios de entonces informaban el grado de improvisación, indecisión y parálisis que se verificaba en los tribunales de justicia, haciendo constar el temor de los jueces por las amenazas que recibían ellos y sus familias. Se callan también las responsabilidades de los sectores que propiciaron y alentaron a las organizaciones terroristas. ¿Algún político reclama hoy autocrítica a su corporación y a los miembros de las organizaciones terroristas, sus benefactores, encubridores y cómplices?

Las Fuerzas Armadas no tuvieron mayormente que ver con esa insólita cadena de errores, que escalaron la violencia hasta el punto crítico del más completo descontrol y que desembocaría sin remedio en el 24 de marzo de 1976. Los temas de esa índole competían entonces a las Fuerzas de Seguridad, a la Policía y a la Justicia. Los decretos del Poder Ejecutivo que pusieron las Fuerzas Armadas en operaciones dieron cuenta a la sociedad de las dificultades insuperables que complicaban la respuesta policial.

Así se escribió el prólogo de lo que sería el gran drama argentino. La corporación política, que primero desarmó todas las instituciones que posibilitaban reprimir legalmente a la subversión, ordenaba ahora a las FF.AA. que la combatiera como pudiera, sin leyes ni estructuras legales adecuadas. Cuando el peronismo asumió el gobierno el 25 de mayo de 1973, cientos de terroristas y la mayoría de sus jefes estaban en prisión. Quienes les abrieron las puertas con amnistía e indultos, ahora ordenaban que los volvieran a encerrar. ¿No resulta monstruoso? Hoy nadie se hace responsable de ese desaguisado y los involucrados reniegan de lo actuado.

EL INICIO INSTITUCIONAL DE LAS OPERACIONES MILITARES

El 9 de febrero de 1975, el Ejército Argentino, en cumplimiento del Decreto 261, inició el operativo "Independencia" en la provincia de Tucumán para neutralizar o aniquilar la guerrilla que se había apoderado de áreas rurales. La operación consistió en establecer un cerco para impedir que la guerrilla escapara y luego penetrar en el monte para aniquilarla. Hubo 37 combates abiertos entre patrullas militares y columnas terroristas. Intervinieron las Fuerzas Armadas, en particular el Ejército, la Gendarmería Nacional y las Fuerzas Policiales de Tucumán y Federal.

En una reunión clave del gabinete nacional celebrada en Tucumán en octubre de 1975 el Dr. Luder, que estaba a cargo del gobierno, dijo: He convocado a los jefes militares para ver qué podemos hacer para parar el terrorismo que es incontrolable. Después de una puesta en situación acerca de la falta de experiencia de las FF.AA. en ese tipo de guerra (revolucionaria), el general Videla le propuso, en representación de los tres comandantes, cuatro alternativas, aclarando que todas serían cruentas. La más extrema de ellas

-con la cual se estimaba que en un año y medio el terrorismo podía ser controlado- estaba basada en la descentralización, otorgando una gran capacidad operativa a los niveles inferiores. Ésta fue la que decidió adoptar el doctor Luder. (64)

Pese a que no estaban preparadas para una "guerra revolucionaria", las Fuerzas del Estado iniciaron así las operaciones por disposición de aquellos decretos, actuando por lo tanto institucionalmente de acuerdo con las directivas y pautas impartidas por el Presidente. Todos sus cuadros actuaron cumpliendo órdenes expresas, siguiendo la cadena de mandos a cuya cabeza estuvieron inicialmente la Presidente de la Nación y el Dr. Luder (como subrogante de aquélla) hasta el 24 de marzo de 1976, y a partir de esa fecha los Comandantes Generales de las Fuerzas Armadas. Se ha hablado hasta el cansancio de "obediencia debida", pero nadie, absolutamente nadie, menciona la responsabilidad de quien dio las órdenes iniciales para que se cumpliera tal obediencia.

El sistema operativo adoptado, y por supuesto supervisado por la misma vía, fue uno solo y no sufrió cambios a partir del 24/03/76. La responsabilidad en la lucha contra el terrorismo quedaba encadenada así:

* Presidente de la Nación.

* Consejo de Seguridad Interior (Ministros del P.E. y Comandantes Generales).

* Consejo de Defensa (Ministro de Defensa y Comandantes Generales).

* Los tres Comandantes Generales (en el mando de sus respectivas fuerzas).

Entre otras cosas, la Directiva 1/75 del Consejo de Defensa ("Lucha contra la subversión"), que constituyó la base para la organización de las operaciones y la coordinación entre las tres Fuerzas Armadas, de Seguridad y Policiales, indicaba que la ofensiva debía lograr transformar a la subversión en un tema de naturaleza policial para fines de 1976. En su art. 5º ordenaba detectar y aniquilar las organizaciones subversivas, y en el 6º.b.3 taxativamente mandaba aniquilar los elementos constitutivos de las organizaciones subversivas a través de una presión constante sobre ellas. (65)

Decía en un artículo periodístico el Dr. Florencio Varela: Las operaciones fueron documentadas, habiendo constituido ello la base para la producción de los informes semanales ordenados en el art. 11 de la Directiva 1/75 del Consejo de Defensa. En esos partes quedó constancia por escrito del proceder de los participantes en cada acción. Nadie actuó por su cuenta. Todos los cuadros de las FF.AA. y de Seguridad actuaron cumpliendo órdenes [...]. (66) En pocos meses, y según declaraciones de los propios subversivos, [...] las FF.AA. inutilizaron 68 campamentos en la selva tucumana. (67)

Los decretos mencionados habían sido firmados por todo el gabinete. Siendo que la mayoría de sus ministros eran hombres de derecho, sabían que el desafío no era convencional y que no se encuadraba en el derecho internacional. Querían ponerle fin al terrorismo, con los medios que fueran. Ello significaba en los hechos que el Gobierno Nacional, en 1975, había resuelto que los subversivos fueran aniquilados en operaciones militares y de seguridad. No que fueran aprehendidos para ser juzgados o considerados beligerantes, sino lisa y llanamente aniquilados.

Y para quienes hoy quieren reducir el sentido del verbo "aniquilar" empleado en aquellos decretos y directivas (entre ellos sus firmantes), dado el carácter político partidario de ese gobierno, nadie parecería más indicado que su líder para ser el mejor intérprete del sentido de esas manifestaciones. En ese orden, recordemos que siendo ya presidente electo y en un reportaje del Giornale d´Italia expresaba Perón [...] o los guerrilleros dejan de perturbar la vida del país o los obligaremos a hacerlo con los medios de que disponemos, los cuales, créanme, no son pocos [...] Si la guerrilla insiste, sucederá lo que en Santiago [de Chile], donde la responsabilidad no fue de los militares sino de los guerrilleros. Y que en ocasión del ataque a la Guarnición Azul del Ejército, había dicho que las grandes mayorías nacionales harían que el reducido número de psicópatas que va quedando, sea exterminado uno a uno para bien de la República y días después, por radio Nacional, que [...] aniquilar cuanto antes a este terrorismo criminal es una tarea que compete a todos los que anhelamos una Patria Libre, Justa y Soberana [...].

En cuanto al modo de concretarlo, lo precisó sin vueltas en la reunión que tuvo el 22/01/74 con los 8 diputados nacionales que respondían a la Tendencia Revolucionaria de la Juventud Peronista y que fue televisada. En una inolvidable filípica, definió entonces a la guerrilla, como una banda de asaltantes que invoca razones ideológicas o políticas para cometer un crimen y trató a los guerrilleros de mercenarios. En ese orden les aclaró:

No nos han pegado con saliva. Nosotros vamos a proceder de acuerdo con la necesidad, cualesquiera sean los medios. Si no tenemos ley, el camino será otro, y les aseguro que puestos a enfrentar violencia contra violencia nosotros tenemos más medios posibles para aplastarlos, y lo haremos a cualquier precio, porque no estamos aquí de monigotes... Si no hay ley, fuera de la ley también vamos a hacer y lo vamos a hacer violentamente. Porque a la violencia no se le puede oponer otra cosa que la misma violencia. Ésa es una cosa que la gente debe tener en claro, pero lo vamos a hacer: no tengan la menor duda. (68)

¿Estaría pensando Perón cuando hablaba en el ancestral adagio de que "el tiempo de las armas no es el tiempo de las leyes"?¿Se refería a eso Isabel Perón, cuando como Comandante Supremo de las FF.AA. visitó el cuartel general instalado en Famaillá, Tucumán, y después de revistar las tropas, les dirigió una encendida arenga en cuya parte final y más contundente les ordenó: A Dios rogando y con el mazo dando? (69)

Parece más que claro lo que proponía Perón, y los miembros de su partido en el Gobierno de aquella época no podían tener dudas sobre qué quería decir su jefe cuando hablaba de "aniquilar" o "exterminar". La represión que siguió fue una secuela lógica de esa decisión presidencial. Cuando en febrero de 1975, las autoridades constitucionales asumieron la extrema responsabilidad política de ordenar a las Fuerzas Armadas entrar en guerra contra el terrorismo en la provincia de Tucumán -para extenderla en el mes de octubre a todo el país-, es obvio que conocían cuál era el adiestramiento que se les había impartido a sus cuadros para enfrentar una "guerra revolucionaria" en base a los reglamentos entonces vigentes. Estos reglamentos, dictados e impresos oficialmente a partir de 1968 por el Estado Argentino, y por lo tanto derecho positivo, explicaban y definían ese tipo de conflicto y preveían las acciones para combatir en él. De hecho la Directiva 1/75 ya mencionada calificaba al oponente como "enemigo" en su art. 6.a.1.

El 20/06/75 el ministro del Interior Rocamora daba, a requerimiento del periodismo, estadísticas que señalaban que desde el 25/05/73 a esa fecha se habían producido 5.079 actos terroristas, de los cuales 385 fueron homicidios. ¿Era esa la "juventud idealista, amante de la democracia", a la que se quiere hoy exonerar de su gravísima responsabilidad histórica?

ATENTADOS, ATAQUES DE GRAN ENVERGADURA Y SECUESTROS

En nuestro país, los atentados terroristas fueron realizados contra todos los sectores de la vida nacional. No solamente contra militares y policías, legisladores, gremialistas, políticos y notorios representantes de la institucionalidad y del empresariado opuestos al asalto del poder, sino también contra ciudadanos inocentes, empleados públicos y privados, amas de casa, estudiantes, simples comerciantes, civiles sin ocupación comprometida, mujeres y hombres, ancianos y niños, argentinos y extranjeros, la mayoría de los cuales realizaba sus tareas ajenos a la lucha ideológica en curso.

También fueron dirigidos contra plantas industriales, concesionarias de automóviles, bancos, laboratorios, estaciones ferroviarias, etc. No hubo miramientos; no se vivía en la Argentina, se sobrevivía... y con mucho miedo. No podía usarse el mismo camino; se desconfiaba de todos y de todo.

Entre los atentados de mayor repercusión pública cometidos antes de 1973 y durante los gobiernos constitucionales del período 1973/76, autoadjudicados por distintas organizaciones subversivas y de los que hoy muy pocos se acuerdan, estuvieron los atroces secuestros seguidos de muerte del ex presidente Aramburu (1970), del empresario italiano Oberdam Sallustro (1972), del TCnel. Ibarzábal (1974), del Director de El Día de La Plata David Kraiselburd (1974), del Cnel. Larrabure (1975) y del Cónsul estadounidense en Córdoba John Patrick Egan (1975); los asesinatos de los sindicalistas Vandor (1969), Alonso (1970), Kloosterman (1973), Rucci (1973) y Coria (1974), de los almirantes Berisso (1972) y Quijada (1973), del ex ministro Mor Roig (1974), del ex camarista Quiroga (1974), de los profesores Genta y Saccheri (1974) y de los Jefes de la Policía Federal Comisario Villar y su esposa (1974) y Gral. Cardozo (1976), entre muchísimos otros.

El concepto de la "lucha" contra políticos, gremialistas y militares que tenían los terroristas era esperarlos emboscados o disfrazados en la puerta de sus casas o en la calle y disparar indiscriminadamente contra ellos y sus familiares. Así cayeron los gremialistas Vandor, Rucci, Kloosterman, los ex diputados Uzal y Mor Roig, la hija de 3 años del TCnel. Cabrera, el Cap. Viola y su hija de 4 años, el Gral. Cáceres Monié y su esposa, y los Capitanes de Navío (retirados) Bigliardi y Burgos, por nombrar sólo algunos.

Muchos militantes subversivos, que fueron sometidos a "juicio revolucionario" y condenados a muerte por desertores, delatores o traidores, como Eliseo Córdoba, Adolfo Rotblat, Mario Cascotilla, Hilda C. Gerardini y Estela Eden, entre otros, fueron ejecutados por sus propios compañeros del ERP o de Montoneros (se cree que medio centenar en total). (70) En revista Evita Montonera, Nos 8 y 13, figuran condenas y ejecuciones, como la de Fernando Haybal, y juicios revolucionarios a Rodolfo Galimberti, Juan Gelman, Roberto Mauriño y otros. (2)

Ejemplo autoincriminatorio de ello es la descarnada carta que, a fines de 2004, Oscar del Barco envió a la revista cordobesa La Intemperie, en la que relata la ejecución de dos miembros del Ejército Guerrillero del Pueblo (una fugaz y precursora organización armada de aquellos años) por los propios subversivos, y asume su responsabilidad por su apoyo a esa y a otras organizaciones armadas porque [...] también los "nuestros" secuestraron y mataron [...] también nosotros somos culpables de lo que sucedió. Otros subversivos, entre ellos algunos de alta jerarquía interna como el "comandante y oficial superior" Roberto Quieto fueron juzgados y sentenciados a muerte, pero la condena no se llegó a ejecutar.

También corresponden a esta época, en que las capacidades operativas terroristas habían alcanzado un nivel muy alto, los ataques de gran envergadura que realizaron contra unidades militares, tanto por la importancia de los objetivos como por el despliegue logístico y de combate que supusieron. Así conmocionaron a la Nación con los ataques y copamientos del Regimiento 10 de Caballería Blindada en la ciudad de Azul, de la Fábrica Militar de Pólvora y Explosivos en Villa María, Córdoba, y del Batallón de Arsenales 121 en Fray Luis Beltrán, Santa Fe; los intentos de copamiento del Regimiento de Infantería Aerotransportado 17 en Catamarca, del Comando de Sanidad en Capital Federal, del Regimiento de Infantería de Monte 29 en Formosa y del Batallón de Arsenales 601 Domingo Viejobueno en Monte Chingolo (en este caso con 300 combatientes). Como también los atentados con explosivos contra la Subsecretaría de Planeamiento del Ministerio de Defensa, la fragata misilística Santísima Trinidad, en el Astillero Naval Río Santiago, y un avión Hércules C-130 de la Fuerza Aérea Argentina, en el Aeropuerto Benjamín Matienzo de Tucumán.

En 1975, en otro audaz intento que resultó frustrado, después de excavar entre las cloacas de Buenos Aires, amuraron 70 kg de explosivos junto al túnel de Avenida del Libertador para hacerlos explotar cuando pasara la presidente M. E. M. de Perón y su comitiva, en su trayecto desde Olivos a la Casa Rosada. La virulencia de los atentados por parte de los terroristas hizo expresar al ministro de Defensa Vottero el 16/12/75 en la Escuela de Defensa Nacional: [...] es determinación del gobierno no dejar de hacer absolutamente nada de lo que esté dentro de nuestras facultades y de nuestro poder de decisión, hasta alcanzar su más completo exterminio. (71)

El ataque del ERP al Batallón de Arsenales 601, en Monte Chingolo, el 23 de diciembre de 1975, obligó a la Presidente de la Nación a dictar el Decreto 4060/75, extendiendo al Partido Auténtico la ilegalidad declarada respecto de Montoneros por el Decreto 2452/75, debido a que los dolorosos y lamentables episodios de los días 23 y 24 del corriente eximen de todo comentario y evidencian la peligrosidad de quienes están enrolados con la antipatria y a que el esfuerzo conjunto del pueblo de la Nación debe instrumentarse adecuadamente para la lucha y aniquilamiento final de la guerrilla subversiva y terrorista que ha sacrificado tantas vidas argentinas (lo rubricaron los ministros Aráuz Castex, Robledo, Vottero, Ruckauf, Arrighi, Cafiero, De Marco y Corvalán Nanclares).

El 15 de marzo de 1976, Montoneros realizó un atentado contra el Comandante General del Ejército, haciendo detonar una "bomba vietnamita" en el interior de un automóvil estacionado junto al acceso de avenida Madero del Edificio Libertador. Además de los daños materiales que se produjeron en un radio de 100 metros que afectaron varios edificios privados y públicos, entre ellos la Casa de Gobierno, mató a Blas García, conductor de un camión que circulaba por la avenida Madero y dejó 26 heridos, entre ellos 11 civiles. La explosión ocurrió segundos antes del ingreso del General Videla por ese lugar. El 2 de julio, la misma organización terrorista hizo explotar una bomba en el comedor de la Superintendencia de Seguridad de la Policía Federal, causando 23 muertos y más de 60 heridos.

Más allá de los asaltos a cuarteles y tomas de comisarías con robo de armamentos, los terroristas cometieron gran cantidad de secuestros de empresarios, algunos de ellos seguidos de muerte (Sallustro, Manoukian, Kraiselburd y Domenech), y asaltos y robos a entidades financieras, a bancos y camiones blindados, con cuyo producto financiaban sus operaciones. Un documento secuestrado en el año 1976 a la organización Montoneros titulado "Presupuesto Nacional", correspondiente a los meses de junio a febrero, consolidaba la cantidad -para esos meses- en U$S 10.707.000 (diez millones setecientos siete mil dólares). Este documento fue difundido al periodismo junto con otros el 17 de abril de 1977.

Toda la infraestructura reseñada produjo, a las bandas terroristas, la imperiosa necesidad de obtener grandes sumas de dinero para financiarla. Ese capital fue obtenido principalmente a través de la comisión de hechos delictivos [...] los secuestros ascendieron a 1.748 -la mayor parte de ellos con finalidad extorsiva- y los robos de dinero sumaron 551. (2)

Debe tenerse en cuenta que algunos secuestros no fueron denunciados ni tampoco detectados por el Estado. La mayoría se llevó a cabo sobre empresarios nacionales y extranjeros en el país, a quienes mantenían en las denominadas "cárceles del pueblo". El total del dinero que obtuvieron por ello las organizaciones terroristas y que se ha podido confirmar, supera los 96 millones de dólares (sólo el de los hermanos Born les reportó U$S 64 millones). Al respecto decía la Cámara Federal:

Esta situación se reflejó también en la acción de propaganda de estos grupos, lanzada masivamente en el período señalado hacia la población, no sólo a través de los medios de prensa tradicionales que, como es público y notorio, recibieron gran cantidad de mensajes, sino a través de su propia infraestructura de prensa que les permitió difundir una notable cantidad de panfletos y publicaciones en los que se hacía la apología de los delitos cometidos. Ejemplos de ello

son las revistas Estrella Roja, Evita Montonera y Estrella Federal, entre otras [...]donde se informa detalladamente sobre algunas de las acciones más arriba mencionadas. (2)

EL 24 DE MARZO DE 1976 ("[...] UN ESTADO DE DESECHO")

Ya en diciembre de 1975, se respiraba un aire inconfundible de vacío de poder y todos los diagnósticos apuntaban a recalcar su existencia en el país. La clase política, los medios de comunicación, la ciudadanía y hasta los terroristas (para "legitimarse"), esperaban una salida salvadora. Y todo ocurría bajo la responsabilidad de un oficialismo que no tuvo la capacidad para enfrentar la desastrosa vorágine política, social y económica en que había caído el país. Tampoco la tuvo la oposición: 48 horas antes del 24 de marzo decía públicamente Ricardo Balbín: Hay soluciones, pero yo no las tengo. Dirigentes de todo el arco político, incluso del propio oficialismo, y sindicalistas, confabulaban en reuniones con militares.

La inmediata salida viable era la renuncia de la Presidente, su reemplazo por imperio de la ley de acefalía y el llamado a nuevas elecciones, pero -según Luder- la Presidente "nunca estuvo dispuesta a ello". La última herramienta constitucional destinada a evitar la quiebra de las instituciones, la destitución presidencial, se intentó a través de dos proyectos de juicio político -uno del diputado Valenzuela y otro del diputado Moyano-, pero ambos fueron rechazados.

En verdad el PJ, que tenía mayoría parlamentaria, no quería "derrocar" abiertamente a la viuda de Perón y, además, sus dirigentes estaban seguros de que otro gobierno de jure no iba a poder solucionar el caos terrorista e institucional; ninguno de los últimos cinco lo había podido lograr.

Ello, verdaderamente, se constituyó en una exhortación virtual a las FF.AA. para que solucionaran de oficio lo que el gobierno y la dirigencia política no pudieron, no supieron o, lo que sería peor, no quisieron a esa altura asumir la responsabilidad de reestablecer el orden interno ante el ataque terrorista recurriendo a los mecanismos institucionales previstos en la Constitución. Pero... ¿quién se animaba a enfrentar el terrorismo de Estado que exportaba Fidel y asumir el costo político de combatirlo?

La coacción terrorista al Poder Judicial había resultado también efectiva: hasta el 24 de marzo, como dijimos antes, no se había dictado una sola condena contra los subversivos, pese a que los hechos terroristas habían aumentado exponencialmente. El diario La Opinión publicaba el 19/03/76: Un muerto cada cinco horas, una bomba cada tres.

Así se llega al 24 de marzo de 1976. La alternativa de asunción del poder (virtualmente abandonado por el partido gobernante) por parte de las Fuerzas Armadas, con un Estado en colapso, vías legales prácticamente inexistentes y una situación económica caótica, las ponía en una verdadera encrucijada, una encrucijada dramática. Expresaba La Nueva Provincia el 24/03/2006, que las FF.AA. no pretendían "quebrar el estado de derecho" (como si hubiera alguno) sino recomponer el "estado de desecho".

Anhelada, alentada, aceptada y respaldada entonces por toda una ciudadanía aterrada ante la orgía de sangre que reinaba en el país, esa asunción se dio también con un gran apoyo popular del periodismo, incluidos los diarios más importantes de la prensa internacional como The New York Times, Washington Post y Le Monde.(72)

También la demandaban los partidos políticos, incluidos el oficialista y el Partido Comunista, como puede comprobarse de la lectura de todos los medios gráficos nacionales y extranjeros de la época. Después, ninguno se hizo responsable de la generación de la crisis que desembocó en aquel día de marzo ("el 24 de marzo venía aterrizando suavemente" en palabras de Torcuato Di Tella durante una audición televisiva). (73)

El consenso de la sociedad sobre el Proceso no fue fugaz. Duró varios años. Sin embargo y sin que nada de ello escapara a su conocimiento, Alfonsín afirmaría en el Decreto 158/83, que la Junta Militar usurpó el gobierno de la Nación el 24 de marzo de 1976 y los mandos concibieron e instrumentaron un plan de operaciones basados en métodos y procedimientos manifiestamente ilegales. Como hemos visto, la verdad histórica es que lo primero no fue estrictamente cierto (porque exime de responsabilidad a quienes generaron las condiciones para la asunción de la Junta y oculta el aval de la sociedad para que ello ocurriera) y que el plan de operaciones fue ordenado instrumentar a los Comandantes, primero por Isabel Perón y luego por el entonces presidente Dr. Luder.

En vísperas del 30º aniversario de aquella fecha, la Comisión Permanente del Episcopado difundió el documento "Recordar el pasado para construir sabiamente el presente (15/03/2006) en el que reconocía que [...] En estos días los argentinos volvemos nuestra mirada al pasado para recordar el quiebre de nuestra vida democrática del 24 de marzo de 1976. Este hecho, acontecido en un contexto de gran fragilidad institucional, y consentido por parte de la dirigencia de aquellos momentos [...]. Como señalaba la revista Criterio en un editorial de esos días: Hay demasiados dirigentes irresponsables que están jugando a quedar bien colocados "para la próxima", y que habiendo procedido como el administrador infiel del Evangelio, han previsto un cómodo retiro a la vida privada.

Todo ese período, tan importante, que corre entre el 25 de mayo de 1973 al 24 de marzo de 1976, parece haber sido borrado de la historia argentina. Con contadísimas excepciones, no se menciona en el periodismo gráfico, radial ni televisivo. Como si un remolino se hubiera tragado esa parte de nuestra historia. También lo omite deliberadamente el informe de la Conadep, aspecto sobre el cual no tenía limitación alguna según el Decreto de su creación; carece de la más mínima referencia tanto de la situación que se vivía en aquella época como de una represión que comenzó bajo el gobierno de Isabel Perón, mucho antes de la fecha de la que parte el Informe.

En cambio existe una superabundancia de campañas destinadas a hacer aparecer y fijar en la conciencia colectiva que al 24 de marzo de 1976 se llegó sólo por expresa y deliberada voluntad de un grupo de alucinados militares, contra la voluntad de la mayoría del pueblo argentino. Como si hubieran llegado montados en un "tsunami" sin que la sociedad tuviera aviso previo y (¡muy original!) sin causa que lo provocara, para alzarse con el poder. Cualquiera en su sano juicio puede imaginar que nadie transforma a los oficiales de las Fuerzas Armadas en una banda de sorprendentes asesinos que de la noche a la mañana pierden todo reflejo de la ética.

Pero nadie se volvió contra los que ordenaron esa aniquilación de la impopular guerrilla cumpliendo con la defensa del Estado agredido y adecuándose a lo escrito por Perón en ocasión del ataque al regimiento de Azul en 1974: a los terroristas hay que eliminarlos uno a uno, por el bien de la República (74) ¿Hasta cuándo la sociedad seguirá aceptando este grosero falseamiento de la verdad histórica?

SE ACERCA EL FINAL

Terminando el primer semestre de 1976, el debilitamiento de la guerrilla comenzaba a hacerse evidente: empleaban cada vez más combatientes con poco entrenamiento y había terminado la guerrilla rural. El 5 de abril de ese año un atentado con explosivos produjo grandes daños en el Edificio Cóndor y el 29 fracasó el último de los grandes atentados con explosivos contra la dotación de los aviones Mirage de la VIII Brigada Aérea en Moreno, José C. Paz, por fallas en los artefactos. Tanto el ERP como Montoneros estaban políticamente aislados y sólo convocaban a sus propios militantes, ya quebrados desde el punto de vista militar.

En octubre de 1976, el Consejo Nacional de Montoneros -con admirable “prudencia” estratégica- decidió que sus oficiales superiores y mayores abandonaran el país para establecerse en el exterior. Esperando la caída del gobierno militar, los terroristas decidieron que quienes quedaran en el país deberían mantener el acoso, a costa de sangre, como trampolín para el regreso de aquéllos para reconstruir lo perdido en una nueva expansión, equivalente pero en un plano superior a la de los años 72/73. No pudo ser: en el primer trimestre de 1977, las Fuerzas Armadas, juntamente con las de Seguridad y Policiales, terminaron de desarticular a Montoneros como proyecto alternativo de poder.

En el mismo estado se encontraba el ERP, y Luis Mattini, uno de los cinco miembros de su Buró Político, lo describía así en su libro Hombres y mujeres del PRT-ERP: [...] apenas tres semanas del regreso de los delegados, se desató una ola represiva que golpeó sistemáticamente la estructura partidaria hasta dejarla prácticamente desarticulada. Los golpes de mayo de 1977 significaron la destrucción del PRT-ERP en la Argentina.

Pero aún tuvo fuerzas Montoneros en 1979 para:

1) en septiembre, demoler con explosivos la casa del Secretario de Coordinación y Programación Económica de la Nación Walter Klein con toda la familia adentro, que sólo resultó herida aunque sus dos custodios fueron asesinados,

2) en noviembre, para atentar contra la vida del Secretario de Hacienda de la Nación Juan Alemann, quien salió ileso, y 3) asesinar en el mismo mes al Dr. Francisco Soldatti y su custodio. Fueron los últimos muertos por la subversión antes del fin del gobierno militar. Con la mayoría de sus dirigentes en el exterior y graves disidencias entre ellos, las acciones terroristas en el país llegaban a su fin.

CRÍMENES TERRORISTAS DE "LESA HUMANIDAD"

Analizando tanto los documentos publicados por los propios terroristas (notables por su contenido autocondenatorio) en los que hacen públicos los hechos que perpetraron, como también el listado cronológico de los 21.655 crímenes de diversa identidad que cometieron dentro de un plan a todas luces sistemático, no queda duda alguna que tal como los definen las Naciones Unidas en su Res. 51/210 del 16/01/96 ([...] actos criminales con fines políticos concebidos para provocar un estado de terror en la población en general, en un grupo de personas o en personas determinadas, destacando que tales actos son injustificables en todas las circunstancias, cualesquiera sean las consideraciones políticas, filosóficas, ideológicas, raciales, étnicas, religiosas o de cualquier otra índole que se hagan valer para justificarlos), quedan tipificados como de "lesa humanidad", con carácter internacional. La definición es coherente con la prédica que viene sosteniendo desde hace décadas y de la cual es prueba palpable la resolución 304, adoptada en la sesión plenaria de 1972, sobre medidas para prevenir el terrorismo internacional.

También son de "lesa humanidad" de acuerdo con la definición dada en el Estatuto de la Corte Penal Internacional (CPI) -ratificado por la Argentina el 8/02/2001- para los asesinatos, encarcelación u otra privación grave de la libertad física en violación de normas fundamentales del derecho internacional, persecución de un grupo o colectividad con personalidad propia [...] cuando se cometan como parte de un ataque generalizado y sistemático contra una población civil y con conocimiento de dicho ataque " (art.7.1). Aclara la CPI en ese mismo documento que: Por "ataque a una población civil" se entenderá una línea de conducta que implique la comisión múltiple de actos mencionados en el párrafo 1 contra una población civil, de conformidad con una política de Estado o de un organización de cometer esos actos o para promover esa política (art. 7.2).

También Amnesty Internacional reconoce que una de las formas con que el Estatuto distingue los delitos ordinarios de los crímenes de lesa humanidad respecto de los cuales la Corte tiene competencia, es que tienen que haberse cometido de conformidad con la política de un Estado o de una organización. Por consiguiente, dice que "pueden ser cometidos por agentes del Estado o personas que actúen a instigación suya o con su consentimiento o aquiescencia, como los 'escuadrones de la muerte', o de conformidad con la política de organizaciones sin relación con el gobierno, como los grupos rebeldes". (75)

A partir de esos claros pronunciamientos institucionales, no es posible sostener entonces que las acciones de las organizaciones terroristas fueron delitos comunes, como fraudulentamente se ha hecho creer, sino crímenes de lesa humanidad por haber sido "ataques generalizados y sistemáticos contra una población civil y con conocimiento de dicho ataque". A esto debemos agregar que los más virulentos fueron realizados durante gobiernos constitucionales -cuando los terroristas no tenían argumentos para alzarse contra ellos- tanto contra militares, policías o fuerzas de seguridad en situaciones en que los mismos no estaban combatiendo, como contra una población civil que tampoco combatía. La mayor cantidad de muertes (305) se produjo en el período de gobierno de Isabel Perón-Luder-Isabel Perón.

La metodología del terrorismo indiscriminado, "generalizado y sistemático", iniciada el 12/03/60 y agudizada en el período 25/05/73-6/10/75 como consecuencia de la Ley de Amnistía de 1973, consistía en secuestros, atentados con armas o bombas y asesinatos. Harto claros son los considerandos que, al respecto, incluía la Cámara en su fallo:

[...] la actividad subversiva se manifestó a través de todo tipo de ataques individuales o colectivos, a personas o instituciones, generalmente llevados a cabo de manera aleve [...] algunos de los hechos de esa guerra habrían justificado la aplicación de la pena de muerte contemplada en el Código de Justicia Militar [...] (2)

Podría uno preguntarse, ¿qué clase de insondable odio los condujo a hacer lo que hicieron? Parecería que la respuesta estuviera en una frase de la admonición que el juez estadounidense William Young le hizo a un terrorista, después de condenarlo por abordar un avión de pasajeros ocultando un explosivo en la suela de sus zapatos, para hacerlo estallar tan pronto aquél levantara vuelo: [...] Me parece que usted odia una cosa preciosa. Usted odia nuestra libertad, nuestra libertad individual, nuestra libertad para vivir como elegimos.

Según el Ejército Argentino (f. 318/323 del cuaderno de prueba de Viola aceptado por la Cámara en la Causa 13), como resultado de la actuación subversiva entre los años 1969 y 1979 se han registrado 21.642 delitos de diversa entidad, cifra que sirve como punto de referencia según la Cámara Federal, pero que con un promedio de 6 diarios y en conjunción con su listado cronológico, da claros indicios de su sistemática ejecución.

Discriminados resultan: 5.215 atentados explosivos; 1.052 atentados incendiarios; 1.311 secuestros de artefactos explosivos; 132 secuestros de material incendiario; 2.013 intimidaciones con armas; 52 actos contra medios de comunicación social; 1.748 secuestros; 1.501 asesinatos; 551 robos de dinero; 589 robos de vehículos; 2.402 robos de armamentos; 36 robos de explosivos; 40 robos de documentos; 17 robos de uniformes (militares y policiales); 19 robos de material de comunicaciones; 73 robos de material sanitario; 151 de materiales diversos; 20 copamientos de localidades; 45 copamientos de unidades militares, policiales y de seguridad; 22 copamientos de medios de comunicación social; 80 copamientos de fábricas; 5 copamientos de locales de espectáculos públicos; 261 repartos de víveres (robados o por extorsión; 3.014 actos de propaganda; 157 izamiento de bandera y 666 actos intimidatorios. (76)

De acuerdo con documentos de las propias organizaciones, sólo entre 1974 y 1975 -período en que no luchaban contra ninguna dictadura ni había un régimen despótico ni opresivo-, ellas cometieron 6.762 hechos terroristas. Entre mayo de 1973 y marzo de 1976, período durante el cual los terroristas subversivos cometieron el 52% del total de sus crímenes y los de las Triple A el 100%, ningún juez dictó condena alguna contra ellos por las amenazas a su persona y a sus familias, como ya lo señaláramos.

Hoy sus integrantes, que reciben un trato que sería inaceptable en sociedades civilizadas, están libres y sin cuestionamiento jurídico alguno pese a que, como vemos, no pueden eludir para sus crímenes la calificación de lesa humanidad. Cabe preguntarse, entonces, ¿por qué nunca llegó la hora de juzgar los 21.642 hechos terroristas cometidos por la "juventud idealista"? ¿Por qué han escapado, hasta hoy, al castigo que la ley reserva a cualquiera que atente contra la vida o la integridad de las personas y el orden público? Todos los tipos de atentados y crímenes cometidos por los terroristas han desaparecido del escenario como por arte de magia, y sólo ha quedado allí, como único y excluyente tema, el denominado -aunque no tipificado en ningún código nacional ni internacional- "terrorismo de Estado".

Una dimensión esencial de ese proceso es la batalla entre el olvido y la memoria de los crímenes terroristas. Sus intérpretes habituales llevan tiempo tratando de imponer un discurso justificativo de su pasado, en el que la violencia se banaliza y enmascara mediante eufemismos y las víctimas pasan a ser consideradas consecuencias inevitables de un supuesto "conflicto histórico". Frente a ello se imponen las imágenes concretas de crueldad relatadas en sus propios documentos.

El gobierno de Alfonsín (pese al Decreto 157/83) y todos los que lo sucedieron se han convertido así en coadjutores de la mayor conspiración de silencio, ocultamiento, parcialidad facciosa e injusticia, de toda la historia argentina, sin justificación constitucional, legal ni moral, y a contramano de todos los instrumentos internacionales de derecho humanitario y de tutela de los derechos humanos, que -cual burla paradojal- hoy tienen jerarquía constitucional en la Argentina (art. 75:22 CN reformada en 1994).

PARA CONOCER MEJOR LA HISTORIA COMPLETA

¿Cómo contrarrestar la manipulación de la memoria y evitar que se silencie la verdad? Para conocer en profundidad la historia completa y los objetivos del terrorismo que asoló la Argentina en las décadas de los años 60 y 70, así como interpretar los hechos de hoy y lo que puede deparar el futuro que buscan, nada mejor que examinar los documentos, comunicados de prensa, partes de guerra, artículos y publicaciones de los propios terroristas, notables como dijimos por sus testimonios autocondenatorios, y en muchos de los cuales convocaban a la insurgencia armada.

Relatan en ellos, con total desprecio y frialdad, cómo ejecutaron los asesinatos, atentados, robos, secuestros extorsivos, etc., señalando inclusive a sus autores. En verdad describen la cultura de la muerte a la que ahora califican de "pasado glorioso". Y así, tal vez sin proponérselo, han realizado por medio de esos documentos, un aporte inopinado al esclarecimiento de la verdadera naturaleza de la guerra interior que ellos iniciaron contra el Estado argentino y su sociedad. Allí no expresaban que las instituciones debían ser mejoradas, sino manipuladas, presionadas, ocupadas, hasta que pudieran ser destruidas y reemplazadas por otras que expresaran de modo directo sus objetivos e intereses.

La actuación de las bandas subversivas se caracterizó por la pública atribución de los hechos cometidos. Ello surge del "Manual de Instrucción de las Milicias Montoneras" [...] las distintas organizaciones subversivas emitieron una multitud de publicaciones y panfletos, donde a través de partes de guerra y comunicados daban detalles de los hechos cometidos [...]. (2)

Una muestra de ello la da Juan Gasparini en su libro Montoneros, final de cuentas refiriéndose a la estrategia de los primeros terroristas de esa organización: Se proponía "ir constituyendo el Movimiento Armado Peronista, que junto a otros grupos armados desarrollará la guerra popular para la toma del poder y la puesta en marcha del socialismo nacional" [...] A fin de "reconquistar el poder, para hacer posible el regreso de Perón y el pueblo al poder, tenemos que derrotar definitivamente al ejército de la oligarquía y el imperialismo. Para ello no bastan las movilizaciones, las huelgas, la lucha electoral, porque si bien las formas de lucha son legítimas, lo son encuadradas dentro de una estrategia de guerra popular ya que a un ejército se lo derrota con otro ejército".

Ya parecía presagiar ese período y este presente Ricardo Balbín, innegable demócrata y republicano, al cerrar su campaña electoral en La Plata en septiembre de 1973, cuando entre otras cosas dijo: [...] no quiero gente armada que no pone su pensamiento sino en el ojo para ver a quién le va a tirar. Así, sin reconocerlo o queriendo, se ha fomentado una juventud para matar, para destruir. La toleraron, la utilizaron [...] y nosotros decíamos siempre ¡cuidado! No fomentarla. Porque algún día vendrá a presentarles cuentas. Y ahora tenemos el espectro de que hay sectores armados que ponen en peligro las instituciones, no porque sean fuertes, sino porque anarquizan el medio en que viven. (77) Y no se equivocaba el viejo caudillo.

Si la sociedad se esforzara por realizar un ejercicio de sincera imaginación sobre el tipo de país que tendríamos si -hipotéticamente y por ausencia de los decretos de "aniquilamiento", de estricta falencia militar, de falta de colaboración de la sociedad para informar sobre refugios y movimientos de subversivos, y sin el apoyo de los países vecinos- se hubiera dado el triunfo del terrorismo subversivo, ¿se encontraría acaso con un símil de la Cuba de Fidel Castro, o del Chile de Allende?... ¿o tal vez del que acompañó a Cámpora en su gobierno (rechazado luego por Perón)?... ¿o del que esperaría Colombia si defeccionaran sus FF.AA.? Lo que sí con seguridad no encontraría serían las instituciones de la República, porque habrían sido barridas del mapa por las organizaciones terroristas que, como vimos, así lo habían manifestado en sus propias autobiografías.

Seguramente para dilucidarlo encontrará una gran ayuda en lo que en 1993 escribió en su libro El furor y el delirio el terrorista argentino Jorge Masetti (una verdadera catarsis en la que relata su ruptura con la revolución cubana): [...] Hoy puedo afirmar que por suerte no obtuvimos la victoria, porque de haber sido así, teniendo en cuenta nuestra formación y el grado de dependencia de Cuba, hubiéramos ahogado el continente en una barbarie generalizada. Una de nuestras consignas era hacer de la cordillera de los Andes la Sierra Maestra de América latina, donde, primero, hubiéramos fusilado a los militares, después a los opositores y luego a los compañeros que se opusieran a nuestro autoritarismo; y soy consciente de que yo hubiera actuado de esa forma. (78) Esto es una muestra de la historia que no se cuenta y que se oculta con propaganda. Masetti, que hoy vive en Francia, tuvo fuertes experiencias guerrilleras y de inteligencia al servicio de Cuba, también en Chile, Colombia, El Salvador, Nicaragua, Italia, México, España y Angola.

Para contribuir al esclarecimiento del origen y la verdadera naturaleza de la guerra interior, vale la pena echar un vistazo a algunos documentos escritos por terroristas subversivos, que pueden encontrarse en archivos y bibliotecas públicas o librerías. Entre otros:

* Revista La causa peronista, Año 1, Nº 9, Eduardo Firmenich y Norma Arrostito (narración del ajusticiamiento

del teniente general Pedro Eugenio Aramburu).

* Colección de la revista El Combatiente, del PRT-ERP.

* Colección de la revista Estrella Roja, del PRT-ERP.

* Colección de la revista Evita Montonera, de Montoneros.

* Partes de guerra de ERP y Montoneros.

* La voluntad - 5 tomos, Eduardo Anguita y Martín Caparrós.

* Montoneros - Final de cuentas, Juan Gasparini.

* Montoneros, la soberbia armada, Pablo Giussani.

* La otra historia - Testimonio de un Jefe Montonero, Roberto Cirilo Perdía.

* El furor y el delirio, Jorge Masetti.

* Diario de un clandestino, Miguel Bonasso.

* Confesiones de un Montonero, la otra cara de la historia, Eugenio B. Méndez.

* Hombres y mujeres del PRT-ERP. La pasión militante, Luis Mattini.

* Todo o nada, María Seoane.

* Galimberti, Marcelo Larraquy y Roberto Caballero.

* Montoneros, Soldados de Menem, ¿Soldados de Duhalde?, Viviana Gorbato.

Tampoco pueden dejar de consultarse las obras que, desde una visión conceptual opuesta a la guerra por ellos

desatada, han tratado de difundir "la cara oculta de la verdad", aquella que la desinformación encubrió, obras que,

en un principio, circularon limitadamente y con dificultad (y hasta con censura) en el ámbito público. Entre ellas:

> Terrorismo. La red internacional, Claire Sterling.

> La otra parte de la verdad, Nicolás Márquez.

> Los 70 - Violencia en la Argentina (Ed. Círculo Militar).

> In Memorian, Tomos I, II y III (Ed. Círculo Militar).

> Subversión: la Historia Olvidada (Ed. AUNAR).

> Por amor al odio, Tomos I y II, Carlos M. Acuña.

> Con sus propias palabras, Norberto A. López,

> Definitivamente... nunca más (La otra cara del informe de la CONADEP), Ed. FORES, Horacio M. Lynch y

Enrique V. Del Carril

> Guerra revolucionaria en la Argentina (1959-1978), R. Díaz Bessone

> Verbitsky-De La Habana a la Fundación Ford, Carlos M. Acuña.

> Soldados de Perón, los Montoneros, Richard Gillespie.

> Cuadernos Rojos - Revolución Marxista en América, Enrique Díaz Araujo.

> La mentira Oficial, Nicolás Márquez.

> Nadie fue, Juan B. Jofre.

Interesante resulta también revisar los Diarios de Sesiones de la época en ambas Cámaras del Congreso, como señaláramos más arriba, para conocer las cambiantes posturas y discursos de los legisladores de entonces en cada circunstancia, muchos de los cuales hoy, con la complicidad actual de considerables medios de comunicación, teorizan sobre la época con la misma "amnesia" que afecta a gran parte de la sociedad.

Nadie se siente responsable por la generación de la crisis de los años 70, pero estamos seguros que serían muy pocos aquellos dirigentes que podrían resistir la coherencia del menor de los archivos, incluyendo cierta clase de periodistas y medios de prensa, así como el movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo en el que se destacó el Padre Mugica, muerto por los mismos subversivos en ocasión de su público arrepentimiento.

Tampoco debe olvidarse la revisión de las hemerotecas de los principales diarios y revistas de la Capital Federal e interior del país. Esas ediciones mostrarán descarnadamente, día a día, "la otra parte de la verdad". Un modelo ejemplar de ello resulta la edición especial de la revista Gente del 24 de marzo de 1976, que lleva por título "25 de Mayo de 1973 - 24 de marzo de 1976. FOTOS - HECHOS - TESTIMONIOS de 1.035 Dramáticos días" (imperdible).

EPÍLOGO

Los esquemas de la interpretación de la historia deben inspirar la educación ciudadana con un balance sereno y racional, una visión histórica completa, equilibrada y veraz de lo que realmente ocurrió. La historia no admite fragmentaciones interesadas; es necesario iluminar todos sus recovecos para, así, extraer todas sus enseñanzas. Debemos entender globalmente el conflicto. La verdadera historia no se puede negar y tarde o temprano se irá haciendo más nítida y se impondrá sobre la falsedad. Los hechos desenmascararán a las utopías y a los mitos voluntaristas. La verdad histórica podrá ser retrasada pero no negada.

El pretendido encubrimiento sistemático del período anterior a 1976, alentado por grupos que falsean la verdad histórica de la guerra interna padecida, sin reconocer las responsabilidades tanto de los integrantes de los grupos terroristas y sus violaciones a los derechos humanos, como las propias de la dirigencia política y jurídica de entonces que abrió caminos legales a la violencia terrorista, nos dejará anclados en un pasado insanablemente falso y no ayudará a cerrar heridas ni a obtener la buscada concordia y la convivencia en paz.

Por el contrario, generará resentimientos y reacciones con exponenciales consecuencias, que llevarán a provocar nuevas rupturas y desgarramientos en el tejido social argentino, realimentando rencores y enfrentamientos ideológicos -que ya debieron haber sido superados-, reabriendo grietas y recreando bandos.

Hoy, cuando ha transcurrido más de un cuarto de siglo de todos estos hechos dolorosos, el país necesita construir un camino de concordia a partir de la verdad, rigurosa, sin dobleces y sin trampas. Pero para ello es necesario aclarar definitivamente cómo sucedieron los hechos, identificar y juzgar a todos sus responsables, sin excepción, y urgir las causas que deben establecer las responsabilidades de los funcionarios que, por acción u omisión, contribuyeron a ese estado de cosas. Así podrá mirar hacia el futuro, manteniendo viva la memoria pero enterrando los odios y sin que ningún sector pretenda extraer ventajas políticas ocasionales de lo que fue causa de tanto dolor y de tanto derramamiento de sangre.

Decía Alejandro Graham Yoll en un artículo periodístico: No es que todo se haya podrido de golpe en la década del 70 y que la crueldad haya aparecido de la nada. El discurso de hoy es todavía estridente: hay muertos malos y muertos buenos. No debería ser así. La única forma de entender lo que nos pasó es reconociendo lo que hicimos como sociedad. (79)

Para que emerja la completa verdad, tenemos que batallar y generar un clima de debate que permita hacer la defensa institucional, porque hoy, la Argentina, como anestesiada, sigue públicamente recordando sólo una parte de la historia.

La realidad es una aunque las interpretaciones que de ella pueden hacerse sean variadas. Unas serán objetivas, completas, rigurosas y de buena fe. Otras serán subjetivas, parciales, simplistas, sesgadas y de mala fe. La complejidad de cada época -como en toda realidad humana- y la absoluta falsedad de los monismos causales y de los determinismos fatalistas, obligan a discernir la apariencia de la realidad, además de evitar la confusión entre causas y efectos. Las ideas sobre el terrorismo no son prejuiciosas, sino que están basadas en hechos reales y existentes.

Debemos hacerlo en homenaje a los centenares de personas asesinadas, secuestradas o torturadas por el terrorismo subversivo que no merecen el olvido, olvido del que es necesario rescatarlas para una memoria completa de los argentinos. También como homenaje a sus familiares que pasivamente están soportando una reivindicación del terrorismo que segó esas vidas, y para honrar el sacrificio de nuestros muertos en acción y de todos los que combatieron al terrorismo convencidos que lo hacían dentro de un esquema institucional.

El principal frente de batalla es y será la opinión pública, porque en definitiva es en la sociedad donde yace la responsabilidad y la voluntad para el cierre de esta dramática época de nuestra historia. En su seno habrá que luchar muy duro para que la verdad no resulte cadáver porque, como decía Emile Zola en un pasaje de su documento "J´accuse", [...] No quiero que mi país quede hundido entre la falsedad y la injusticia. Como han advertido Juan Pablo II y Benedicto XVI, es necesario condenar los fundamentos morales del terrorismo y comprender que sólo se restablece el orden quebrantado conjugando entre sí la justicia y el perdón. Sólo así comenzaremos a transitar el camino hacia el futuro.

Las soluciones para cerrar el pasado de violencia nunca podrán satisfacer a todos. Esta clase de salidas no son fáciles ni perfectas y tienen que desarrollarse en el campo de lo posible. Para eso está la política. Para eso el Poder Legislativo en su oportunidad, y con una clara mayoría, sancionó las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, con un espíritu de amplia amnistía.

No habrá pacificación posible mientras el pasado se transforme en el conflicto del presente, ni podrá decirse que habrá verdadera justicia en tanto persista la impunidad para los crímenes de lesa humanidad cometidos por el terrorismo. Entre esas realidades, la política tiene que encontrar un camino intermedio y ésta es la tarea de la dirigencia argentina hoy, a tres décadas del período más violento que vivió nuestro país en el siglo XX.

Decía el diario La Nación el 24/05/05: Ante tanta sangre derramada debe primar el respeto por todo el dolor y por todos los muertos y, fundamentalmente, la responsabilidad para no confundir nuevamente a los jóvenes con fallos tolerantes de lógicas violentas. Si el camino elegido es juzgar y no seguir senderos de reconciliación, juzguemos a todos los culpables, sin recurrir a argumentos insostenibles que agravian la equidad, la Justicia y la verdad histórica, y menosprecian la elevada misión del Poder Judicial.

¿Por qué escribimos esto?... Para que la verdad no muera y porque, como decía Aristóteles (384/322 a.C.):

No basta decir solamente la verdad, más conviene mostrar la causa de la falsedad.

Buenos Aires, enero de 2007.

(1) La Nación Revista, 29/06/03.

(2) La Sentencia, Cámara Nacional de

Apelaciones en los Criminal y

Correccional Federal de la Capital

Federal, en la causa 13 de 1984; considerandos,

Tomos I y II, Imprenta del

Congreso de la Nación, 1987.

(3) Sostenía Gramsci que esa estrategia no

era apropiada en países avanzados como

Italia. En ellos, decía, la escalera hacia

el poder debía suministrarla el giro cultural

de la porción más sofisticada de la

clase media: los intelectuales, los universitarios,

los maestros, los artistas, los

periodistas y hasta los hijos de la clase

adinerada. Era a través de ellos que la

izquierda debía progresar en Occidente.

(4) FORES, Definitivamente... Nunca más

(La otra cara del informe de la

CONADEP), Ed. FORES, Buenos Aires,

1985.

(5) Marías, Julián, diario ABC, 22/11/2001.

(6) Balestra, René, La Nación 15/08/03.

(7) Gorbatto, Viviana, Montoneros, Soldados

de Menem, ¿Soldados de Duhalde?,

Sudamericana, BA, 1999, págs. 97 y 98.

(8) Giussani, Pablo, Montoneros, final de

cuentas, Ed. De La Campana, Bs. As.,

1999, pág. 29.

(9) Kovadloff, Santiago, La Nación,

12/03/04.

(10) FORES, Definitivamente... nunca más, Ed.

FORES, BA, 1985, pág. 29.

(11) Decreto 2772 (6/10/75).

(12) Documento "Una luz para reconstruir la

Nación", III.30, Comisión Episcopal

Argentina, 12/11/05.

(13) FORES, Definitivamente... nunca más, Ed.

FORES, BA, 1985, págs. 19, 28 y 29.

(14) Márquez, Nicolás, La otra parte de la verdad,

BA, 2004, pág. 123.

(15) La Nación Cultura, 7/06/06.

(16) La Nación, 31/05/05.

(17) Jaunarena, Horacio, La Nación,

31/07/03.

(18) Pronunciamiento de la Academia

Nacional de Derecho, La Nación,

28/08/05.

(19) Pronunciamiento del Colegio de Abogados

de la Ciudad de Buenos Aires, La Nación,

25/06/05.

Bibliografía y fuentes consultadas

48

(20) Acuña, Carlos, Por amor al odio, Tomo I,

Ed. El Pórtico, pág. 381.

(21) La Nación, 15/06/05.

(22) La Nación, 27/11/05.

(23) La Nación, 19/06/05.

(24) La Nación, 26/06/05.

(25) La Nación, 10/09/06.

(26) Gregorich, Luis, "El peligro de rescribir la

historia". La Nación, 11/07/06.

(27) A vencer o morir PRT-ERP. documentos, D.

De Santis, Eudeba, BA, 1998

(28) El combatiente, órgano del ERP,

12/06/74.

(29) In Memoriam, Tomo III, pág. 81

(30) Acuña, Carlos, Por amor al odio, Tomo I,

pág. 370.

(31) Díaz Araujo, Enrique, Cuadernos Rojos -

Revolución marxista en América, La Rosa

Blanca, Mendoza, 2005, pág. 52.

(32) AUNAR, Subversión, la historia olvidada,

BA, 1998, pág. 187.

(33) 1. El presente Protocolo, que desarrolla y

completa el artículo 3 común a los

Convenios de Ginebra del 12 de agosto

de 1949, sin modificar sus actuales condiciones

de aplicación, se aplicará a

todos los conflictos armados que no

estén cubiertos por el artículo 1 del

Protocolo adicional a los Convenios de

Ginebra del 12 de agosto de 1949 relativo

a la protección de las víctimas de los

conflictos armados internacionales

(Protocolo I) y que se desarrollen en el

territorio de una Alta Parte contratante

entre sus fuerzas armadas y fuerzas

armadas disidentes o grupos armados

organizados que, bajo la dirección de un

mando responsable, ejerzan sobre una

parte de dicho territorio un control tal

que les permita realizar operaciones militares

sostenidas y concertadas y aplicar

el presente Protocolo.

2. El presente Protocolo no se aplicará a

las situaciones de tensiones internas y de

disturbios interiores, tales como los

motines, los actos esporádicos y aislados

de violencia y otros actos análogos, que

no son conflictos armados.

(34) Las dos grandes potencias se enfrentaron

durante la "Guerra Fría" a través de conflictos

desatados en los "países periféricos",

que actuaban como "válvulas de

escape de presión" para evitar la confrontación

nuclear.

(35) Balestra, René, La Nación, 9/04/04.

(36) Vergez, Héctor, Yo fui Vargas, Buenos

Aires, 1995.

(37) Programa "El primero de la semana",

América TV, 23/09/96. En un reportaje

con el periodista español Jesús Quinteros

en su programa "El perro verde" dijo

coincidir con el Gral. Videla en que había

habido una guerra.

(38) Vigo Leguizamón, Javier, "La memoria

ejemplar", La Nación, 22/03/06.

(39) Márquez, Nicolás, La otra parte de la verdad,

BA, 2004, pág. 156.

(40) Moreno Ocampo, Luis, La Nación,

22/08/03.

(41) Márquez, Nicolás, La otra parte de la verdad,

BA, 2004. El 19 de mayo de 1976,

junto a otros 3 escritores, almorzó

durante dos horas con el General Videla;

"El Gral Videla me dio una excelente

impresión..." dijo a los periodistas al salir

de la Casa Rosada. In Memoriam T-III,

pág. 419. Dijo a la revista alemana Geo

en 1977: "...La inmensa mayoría de los

argentinos rogaba casi por favor que las

Fuerzas Armadas tomaran el poder. Todos

nosotros deseábamos que se terminara

ese vergonzoso gobierno de mafiosos...".

En 1977 hizo el panegírico del golpe del

76 ante los capitanes alumnos de la

Escuela de Guerra del Ejército Argentino.

(42) Márquez, Nicolás, La otra parte de la verdad,

BA, 2004. Editorializó en su diario

La Opinión: "Si los argentinos, como se

advierte en todos los sectores -aún dentro

del ex oficialismo-, agradecen al

Gobierno Militar el haber puesto fin a un

vasto caos que anunciaba la disolución

del país, no menos cierto es que también

le agradecen la sobriedad con que

actúan". La voluntad, Caparros y Anguita,

Tomo 3, pág. 72. En otro del 20 de junio

expresaba "En la Argentina de hoy se

libra una verdadera guerra de la cual

depende la supervivencia de la Nación, y

el restablecimiento de la paz y de la

democracia sólo procederá cuando se

extirpe del país a la subversión, pues la

subversión es la que comprometió el

futuro de un pueblo industrioso y de una

nación próspera".

(43) In Memorian - Tomo III, Ed. Círculo

Militar, Buenos Aires, pág. 419.

(44) Grondona, Mariano, "La falsificación de

la democracia", La Nación, 28/05/06.

(45) Moreno, Julio César, "Los tres demonios",

La Nación, 3/06/06.

(46) Varela, Florencio en prólogo de La otra

parte de la verdad, de N. Márquez, BA,

2004.

(47) Acuña, Carlos, Por amor al odio, Tomo I,

El Pórtico, BA, 2000, pág. 108.

(48) La Nación, 19/05/06.

(49) Burzaco, Ricardo, Infierno en el Monte

Tucumano, RE Editores, Buenos Aires,

1994, pág. 29.

(50) El combatiente, órgano del ERP,

12/06/74.

(51) Gasparini, Juan, Montoneros, final de

cuentas, Ed. de la Campana, Buenos

Aires, 1999, pág. 29.

(52) Mendizábal, Horacio, en un reportaje con

las revistas Afrique-Asie, Cambio 16 y

Proceso.

(53) FORES, Definitivamente... nunca más, Ed.

FORES, BA, 1985, pág. 39.

(54) FORES, Definitivamente... nunca más, Ed.

FORES, BA, 1985, pág. 42.

(55) Revista Evita montonera, N° 6.

(56) Clarín, 4/07/98, pág. 30.

(57) Acuña, Carlos, Por amor al odio, Tomo I,

El Pórtico, BA, 2000, pág. 256.

(58) Sterling, Claire, Terrorismo. La red internacional,

Lasser Press, Buenos Aires,

1982. Ver también: Burzaco, Ricardo,

Infierno en el monte tucumano, RE

Editores, Buenos Aires, 1994, págs. 127,

128, 129.

(59) R. R. Jiménez era un obrero de la industria

azucarera, muerto en un

enfrentamiento con la policía. Los obreros

casi nunca integraban los cuadros, por

eso, cuando contaban con alguno, trataban

de exaltarlo de cualquier manera.

(60) FORES, Definitivamente... nunca más, Ed.

FORES, BA, 1985, pág. 18.

(61) FORES, Definitivamente... nunca más, Ed.

FORES, BA, 1985, pág. 55.

(62) FORES, Definitivamente... nunca más, Ed.

FORES, BA, 1985, pág. 56.

(63) FORES, Definitivamente... nunca más, Ed.

FORES, BA, 1985, pág. 69.

(64) Márquez, Nicolás, La otra parte de la verdad,

BA, 2004, pág. 53.

(65) Díaz Bessone, Ramón, Guerra revolucionaria

en la República Argentina, C.

Militar, BA, 1988.

(66) Varela, Florencio, La Nueva Provincia,

Bahía Blanca, 24/12/05.

(67) Gasparini, Juan, Montoneros, final de

cuentas, Ed. de la Campana, Buenos

Aires, 1999.

(68) Acuña, Carlos, Por amor al odio, Tomo II,

El Pórtico, BA, 2003, pág. 471.

(69) Avellaneda, Juan M., Bombo, el último

guerrillero, Atlántida, Buenos Aires,

1977, pág. 208.

(70) In Memorian, C. Militar, BA, 2000,

pág. 628.

(71) Márquez, Nicolás, La otra parte de la verdad,

BA, 2004, pág. 54.

(72) Márquez, Nicolás, La otra parte de la verdad,

BA, 2004, pág. 64.

(73) "Las cosas claras", TV Canal P&E, junio 2005.

(74) Posse, Abel, "Incurables adolescentes de

los 70", La Nación, 12/10/06.

(75) Amnesty Internacional. Corte Penal

Internacional, Folleto 4, Enjuiciamiento

por crímenes de lesa humanidad, 2006.

(76) Informe "Guerra en la Argentina - Acción

y práctica del terrorismo para la toma del

poder". Centro de estudios históricos

Verdad y Equidad para ser Nación. Bs.

As., 2005.

(77) Acuña, Carlos, Por amor al odio, Tomo II,

El Pórtico, BA, 2003, pág. 372.

(78) Masetti, Jorge, El furor y el delirio - Itinerario

de un hijo de la Revolución Cubana,

Tusquets Editores, 1999, pág. 275.

(79) Graham Yoll, Alejandro. La Nación,

20/05/06.

A veintidós años de la restauración

de la Democracia conviene que los mayores nos

preguntemos si transmitimos a los jóvenes toda la

verdad sobre lo acontecido en la década del 70.

O si estamos ofreciéndoles una visión sesgada

de los hechos, que podría fomentar nuevos enconos

entre los argentinos.

De la carta pastoral del Episcopado Argentino Una luz para reconstruir

la Nación (Pilar, 11/11/2005).

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