Carta abierta a dos cartas abiertas por María Lilia Genta
1 – Como muy bien menciona el nuevo folleto de AUNAR – titulado “Con el poder destructor de la mentira” - la tenaz campaña de desprestigio contra las Fuerzas Armadas, de Seguridad y Policiales que derrotaron a las organizaciones político militares terroristas de los años 70´, ha distorsionado lo sucedido en esos años, deformando la memoria pública y malversando la historia reciente.
Esa campaña ha sido tan deletérea, que incluso algunos sectores opuestos a ese terrorismo han llegado a confundirse y ha adoptar quizás inadvertidamente parte de los eslóganes marxistas, entre ellos una presunta pero totalmente inexistente división de las FFAA en los ¨malos veteranos de los 70” y los ¨buenos inocentes militares jóvenes de hoy”.
La carta que sigue de María Lilia Genta describe acabadamente el tema, refiriéndose a dos hechos recientes; admiramos su valor cívico, solvencia y honestidad intelectual, compartimos plenamente sus dichos, la sana diversidad de opiniones no está reñida con las grandes coincidencias en los temas superiores que hacen a la existencia misma de la Nación y sus Instituciones.
Editor de ´Prensa Independiente´
“Carta abierta a dos cartas abiertas”
por María Lilia Genta
Por respeto a su dolor tan reciente no se me hubiera ocurrido comentar o responder la carta abierta que la madre del fallecido piloto del avión Mirage dirigió al Presidente. Pero ahora se agrega otra carta abierta dirigida a los Generales, Brigadieres y Almirantes en actividad cuya autoría le corresponde al Dr. Francisco Bènard por lo que, creo, se impone alguna respuesta.
Ambas cartas son duras, valientes y verdaderas en lo que denuncian.
Pero en el afán de ser “políticamente correctos” sus autores se entrampan en la dialéctica de los enemigos de las Fuerzas Armadas que hoy nos gobiernan y que, en muchos casos, fueron los atacantes marxistas que en los años setenta agredieron a la Nación Argentina que tuvo que ser defendida por sus Fuerzas Armadas. ¿Por quién, si no, debió ser defendida la Patria?
Esa dialéctica de las Fuerzas Armadas “malas” y las ahora “buenas” repugna al sentido común.
Las Fuerzas Armadas son siempre las mismas: los Cuerpos Militares de Buenos Aires que expulsaron a los ingleses en 1806 y 1807, las que hicieron la revolución de Mayo de 1810, las que cruzaron los Andes, resistieron en Obligado, conquistaron el Desierto, combatieron en Malvinas, las que enfrentaron la subversión marxista, las que defendieron y reconquistaron el Cuartel de La Tablada. Las Fuerzas Armadas no cambian; cambian los gobiernos y hasta la Constitución.
El enemigo lo tiene bien claro: las Fuerzas Armadas son la columna vertebral de la Nación. Sabe que para destruir la Argentina debe desintegrar sus Fuerzas Armadas. Lo está haciendo con éxito y con ayuda “interna”, por supuesto. Y en esto vale plenamente la justa imputación del Dr. Bènard al Generalato y a sus pares de Marina y Fuerza Aérea.
Señora Susana Vietti: según el galimatías en el que usted se mete cuando habla de los derechos humanos parece desprenderse que los miembros de las Fuerzas Armadas de los setenta no eran ni son sujetos de derechos humanos.
Querida señora: por más que usted se esfuerce en el discurso “derechohumanista”, no serán Carlotto, ni Bonafini, ni Pérez Esquivel los que lloren a su hijo.
Lo lloramos nosotros, los que amamos las Fuerzas Armadas, las de siempre, y lloramos también por esta “columna quebrada” que ya no sostiene a la Nación.
Los pilotos de Malvinas murieron por algo trascendente y glorioso. Su hijo fue asesinado por los eternos enemigos de las Fuerzas Armadas pues en este caso la desidia -que usted tan certeramente denuncia- equivale a homicidio.
Me atrevo a decir todo esto porque, en su momento, durante el Proceso, la línea política a la que pertenezco, la que representaba mi padre, Jordán Bruno Genta, asesinado por el “ERP 22 de Agosto”, en 1974, fue crítica del Gobierno Militar en muchas de sus políticas, la económica sobre todo.
Lo que nunca cuestionó es la necesidad de que las Fuerzas Armadas defendieran a la Nación de las organizaciones terroristas comunistas que la atacaban. Lo que no implica minimizar lo malo que, como en toda guerra, sucedió. Los militares “malos”, no obstante, no nos mataron por disentir con ellos ni por criticar algunas de sus políticas; eso sí, de vez en cuando confiscaron algún número de nuestras revistas.
Dr. Francisco Bènard: los soldados de todos los tiempos representan el pasado. Agregaría un acto de indignidad peor que los que ya cometen si le explicaran al enemigo que ellos no son “los viejos enemigos del pasado”.
Justamente, si algo ha roto a la “Familia Militar”, a la que también pertenezco, es la indiferencia con los prisioneros de guerra y sus familias.
Descarto sus buenas intenciones. Pero creo que equivoca el camino si se hace eco del maniqueísmo de los “buenos” y los “malos” que la mentira oficial pretende imponernos.
María Lilia Genta

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