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Criminalidad y cobardía

El Gobierno empieza a padecer lo que sembró. Tal vez, al ex presidente Néstor Kirchner le espera el destino cómico de ser en sus finales políticos el restaurador de las leyes y del orden?
Por Abel Posse
El autor entregó esta nota antes de ser designado ministro de Educación de la ciudad de Buenos Aires. En ella, Posse, colaborador habitual de LA NACION, fija su posición sobre temas de seguridad y de uso del espacio público.
El ventarrón de criminalidad no cesa. El Gobierno tiene un Indec especializado en demostrar que no aumenta y que más bien está muy por debajo de otros países. Un ministro con inclinación verbosa y metafísica le dijo a la gente que padecíamos una sensación.
Lo cierto es que es el episodio que más nos angustia en este mar de frustraciones.
Los Kirchner hurtaron el tema, desde Cromagnon en adelante. Se deslizaron con indiferencia y prohijaron el vandalismo piquetero, el desborde lumpen, la indisciplina juvenil. Entregaron la calle. Pero ya con el enfrentamiento en la Panamericana por el tema de Kraft, las cosas cambiaron. Ahora, en las protestas vecinales reiteradas ellos están presentes en los insultos.
Los Kirchner lograron demoler el básico esquema constitucional de orden público y de ejercicio de la fuerza exclusiva del Estado para cumplir con la misión esencial de reprimir (que, según la Real Academia, significa "contener, refrenar, templar o moderar".)
Reprimir es obligación del Estado en cuanto "contención en acto del delito inminente". Se enfrenta al delincuente para garantizar la vida del ciudadano con sus libertades (la de circular libremente, por ejemplo) y sus bienes.
Entró, se filtró, o lograron infectar con un virus ideológico la garantía elemental de seguridad. Impusieron la visión trotskoleninista de demoler las instituciones militares y la policía, como vengándose de los años setenta, cuando una minoría se alzó contra el Estado para imponer una revolución socialguevarista, ajena y aislada ante la inmensa mayoría, empezando por el mismo Perón, los sindicatos y los partidos tradicionales. Sin embargo, con persistencia gramsciana, los guerrilleros que rodean a los K -aunque ya estaban generosamente indemnizados por sus derrotas de los 70- lograron afirmar la tarea de demoler a las Fuerzas Armadas, lograr que los policías se sientan más amenazados e inhibidos en la tarea represiva que los delincuentes en su agresión y que la Justicia se ausente en este momento de crisis, sin reaccionar con urgencia ante la criminalidad reincidente y concediendo excarcelaciones a una gran cantidad de menores, incluso en casos de asesinato o uso de armas. Algunos miembros de la Corte deben creer que son niños equivocados y con animus iocandi. El Poder Judicial parece refugiado y silencioso, pese a la tormenta con la que la mala política del Poder Ejecutivo arrasa con los principios básicos del derecho.
En estos años, el olvido constitucional nos lleva a la anarquía. El Estado es un instrumento para conservar el poder K. La sociedad tiene la sensación de habitar un país invivible, con una corrupción que nos ubica más bien por debajo de los cien países más corruptos del planeta. Los K nos llevaron tan lejos que ya nadie quiere hablar con claridad y coraje del camino de retorno indispensable que la Argentina tendrá que transitar, tarde o temprano.
Muchos "garantistas" pagaron su lujo humanista con los cadáveres humanísimos de ciudadanos honestos acribillados delante mismo de sus hijos o padres, mujeres violadas y decenas de policías que mueren sin afecto oficial ni el respeto debido a su profesión imprescindible y peligrosa.
Es curioso que, en la desnaturalización idiomática que viven los argentinos, los mismos dirigentes de la oposición hablen a media lengua y se fuguen hacia la prevención educativa, la recuperación del joven delincuente y la inclusión social. Son escamoteadores del tema, que se refugian en la indispensable acción recuperatoria, rehuyendo la batalla central. Mientras ellos quedan bien con la sociología indiscutible y omiten hablar de armas y medios de acción inmediato, todos los días nos revuelve y convulsiona la noticia del comerciante, padre, estudiante, baleado a mansalva por el asesino-joven (no el niño-asesino, porque cuando se asesina disparando sobre alguien indefenso, a los 14 o 16 años, no hay niño que valga, la entidad "asesino" prevalece sobre la edad biológica). Tal el caso del joven estudiante de Tigre que muere con un balazo en la cara en brazos de su desolada madre. ¿Cómo la Presidenta no tomó inmediatamente su helicóptero hacia esa madre para llevar consuelo y compromiso? Hoy el vandalismo, el piqueterismo politizado y la protesta de tantos desamparados se derraman por las calles con su perfil agresivo. El oficialismo culpable y la mayoría de susurrantes opositores no estuvieron a la altura de la batalla que exige el orden público en un país crispado y conflictivo, donde nunca existió una cultura de respeto ciudadano.
El Gobierno empieza a padecer lo que sembró. Tal vez, al ex presidente Néstor Kirchner le espera el destino cómico de ser en sus finales políticos el restaurador de las leyes y del orden?
La policía sale a la calle mal equipada. En algunas esquinas del conurbano, hay autos policiales estacionados sin agentes en su interior, como espantapájaros irrisorios. No tienen armamento ni la convicción de ser el brazo armado del Estado, como lo siente cualquier policía del mundo, desde Pekín hasta Nueva York.
El oficial del grupo Halcón que murió con un balazo en la cara sabía que el delincuente que trataban de detener estaba armado. En efecto, éste se resistió. La policía no actuó con todo su poder y pagó con la muerte de un jefe. Este es apenas un ejemplo de esa inhibición previa que le impide actuar como toda policía en su tarea normal y ancestral. El gatillo fácil lo tienen en nuestro país los delincuentes.
La recuperación social y moral del delincuente es en todas partes (salvo en la Argentina) un episodio posterior al de desactivar su peligrosidad con la energía suficiente para que el representante del Estado y los ciudadanos o bienes amenazados no corran riesgos.
La Argentina piensa mal. En muchos campos, vamos contra la experiencia y el buen sentido. Es el país que llega a la indefensión nacional para castigar a un ejército por hechos de hace cuatro décadas. Es el país que indemniza subrepticiamente a quienes participaron de un alzamiento contra el orden democrático. El mismo partido que ordenó aniquilar ese alzamiento siguiendo el pensamiento de defensa del Estado del propio Perón es el que ordenó indemnizar y exculpar a los subversivos. Muchos argentinos ?sobre todo, jóvenes que no vivieron los hechos? recibieron una versión torcida. Por ese camino empiezan a creer que el orden es umbral de fascismo y la anarquía, saludable expresión de libertad. No imaginan que democracia implica un riguroso orden. Sin orden como primer valor, la democracia naufraga inexorablemente. Sea democracia socialista u organización liberal de la comunidad.
Hace tiempo que la Argentina se arriesga a vivir más cerca del surrealismo que de la realidad. ¿Será una diversión gratuita o se pagará muy caro, en la medida en que el sector más humilde es el más golpeado por el irrealismo sentimental de los asesinos derrotados? ¿Qué hacer? ¿Qué cantidad de poder tendrá que tener el futuro gobierno democrático después de la demolición institucional de los K y la anarquización, desjerarquización e indisciplina que van de la misma familia al colegio, a la universidad, y que cubre tantos aspectos de la vida comunitaria?
Más información www.politicaydesarrollo.com.ar

CONTROL K

¿Estamos viviendo bajo una dictadura?

Hace unos meses, durante una entrevista para PERFIL, Guillermo O’Donnell hizo esta declaración estremecedora: “En esta Argentina nuestra, el riesgo de que la democracia muera lentamente es muy fuerte. Un día uno se despierta y se da cuenta de que la democracia ya no está.”

Por Quintín | 28.11.2009 | 00:02

Hace unos meses, durante una entrevista para PERFIL, Guillermo O’Donnell hizo esta declaración estremecedora: “En esta Argentina nuestra, el riesgo de que la democracia muera lentamente es muy fuerte. Un día uno se despierta y se da cuenta de que la democracia ya no está.” Es cierto que un día uno se despierta y se da cuenta de que se quedó pelado o de que perdió interés en su trabajo, aunque esos procesos hayan durado mucho más que la noche anterior. Pero no estoy seguro de que con la democracia ocurra lo mismo; es decir, de que la certeza inequívoca de desaparición sea tan contundente y, mucho menos, aceptada por todos. Después de todo, ningún dictador moderno se describió a sí mismo con esa palabra y hay demasiadas voces dispuestas a sostener el carácter democrático de regímenes abiertamente totalitarios como para creer ingenuamente que ese despertar pesadillesco al que se refiere O’Donnell será compartido por todos.
Pero hay una duda aun más acuciante. ¿No será que ese día ya llegó? ¿No es posible que la Argentina esté viviendo bajo una dictadura sin que todavía nos hayamos dado cuenta cabalmente? ¿No estaremos como al calvo que aún no se miró al espejo con suficiente atención? Para abonar esta sospecha hacen falta, en verdad, unos pocos argumentos, apenas una serie de preguntas. ¿En qué país democrático un gobernador electo por la oposición se pasa al partido de gobierno antes de asumir? ¿En qué país democrático los jueces dependen de un consejo controlado por el Ejecutivo que prefiere mantener en su lugar a los magistrados más impresentables para condicionar así sus fallos? ¿En qué país democrático los mecanismos de control de las acciones del gobierno están completamente desactivados? ¿En qué país democrático un funcionario trampea por años las estadísticas públicas al mismo tiempo que fija los precios de los bienes y servicios a su arbitrio, interviene en las empresas privadas y amenaza de muerte (incluso en público) a los funcionarios que se le resisten? ¿En qué país democrático las derrotas parlamentarias o electorales del gobierno son irrelevantes a la hora de evitar que este imponga sus decisiones en todos los terrenos?

El otro día hablaba con un kirchnerista que me exponía las dos objeciones básicas a mi teoría. Una es que, después de todo, es muy probable que los Kirchner pierdan el gobierno en las elecciones del 2011. Por supuesto, una gran mayoría de los argentinos desea que eso ocurra, pero cada día está más claro que perder el poder no está en los planes de los Kirchner y que, hasta ahora, vienen logrando su objetivo a pesar de las escasas simpatías que despiertan. Nadie sabe qué consecuencias tendrá la reforma electoral que impulsan, ni si los candidatos opositores serán impugnados, procesados o víctimas de cualquier artilugio disponible, del tipo de los que hoy utiliza el Gobierno para apoderarse de Papel Prensa. Desde ya, no pocos kirchneristas tienen diferencias con sus jefes y piensan secretamente que no estaría tan mal dejar el poder. A los que andan por la calle les resulta difícil no reconocer el malhumor colectivo hacia el matrimonio presidencial y, por otra parte, empiezan a advertir que el único lugar posible en el dispositivo oficial será cada vez más claramente el de la obediencia ciega. Desde allí se aferran al último argumento disponible frente a la evidencia del avasallamiento progresivo de las instituciones y la evolución hacia un sistema no sólo cada día menos republicano, sino más plagado de incompetencia, corrupción e injusticia. Dicen los kirchneristas que nadie puede decir que vivimos en una dictadura, dado que no hay presos políticos, muertos por la represión ni casos de censura lo suficientemente flagrantes como para inclinar la balanza en ese aspecto. Efectivamente, allí tienen un punto. Pero entonces se llega al meollo de esta discusión: si los Kirchner están crecientemente dispuestos a domesticar a la prensa y a pasar por encima a la división de poderes, el federalismo y los controles institucionales, ¿qué es lo que va a impedir que en algún momento avancen también contra las libertades personales y que este artículo, para poner un ejemplo, se convierta en delito?

*Periodista y escritor.

PATEAN PARA EL MISMO LADO

Aqui va la noticia que apareció de madrugada en crónica tv (en su web) para ser presurosamente retirada a eso de las 7 hs. Habrá habido aprietes????????

Puaj!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

El autor del blog.

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PATEAN PARA EL MISMO LADO  

Los dos tienen vidas complicadas porque, a su manera, siempre eligen ser protagonistas casi excluyentes de todo en lo que participan.

Se trata de dos hombres con un fuerte temperamento y con notable poder. Quizá por eso se codean como buenos amigos e, incluso, en medio de sus agetreadas agendas, se hicieron tiempo para hacer un picado. Se trata de Diego Maradona y Néstor Kirchner. Los dos participaron anoche (en realidad protagonizaron) un partido de fútbol informal en un country de Ezeiza.
De esta manera, el técnico de la selección argentina reconfirma su buena onda con los K. Ambos compartieron equipo y se divirtieron de lo lindo.
Dicen quienes pudieron presenciarlo, que “el picadito desbordaba buena onda entre el ex presidente y Diego”.
El partido informal se disputó en un country de Ezeiza que pertenece al intendente del partido de Esteban Echeverría, Alejandro Granados.
A las 21.05 Maradona y Kirchner salieron a la cancha jugando para el mismo equipo y usando pecheras azules. El capitán de los de enfrente, los de pecheras rojas, fue el mismísimo Granados, y jugaron en una cancha de once que goza de gran iluminación e impecable césped.
Hubo risas, protestas, goles y hasta alguna patada de más en un encuentro que se caracterizó por la relación amena entre los participantes. No hubo el roce de esos partidos entre amigos que se miran a cara de perro. Parece que reinó el protocolo.
Kirchner y Maradona comparten no sólo la pasión del fútbol, sino también la de tirar dardos fuertes a los periodistas. El Diego, además, mantiene una amistad con Gastón Granados, hijo del intendente de Ezeiza y presidente de Tristán Suárez. Y viven muy cerca uno del otro; en el barrio El Trébol. Es por esta relación que el equipo local hace de sparring de Argentina cuando entrena en Ezeiza, desde que está Maradona al frente.
Anoche quedó claro que la relación entre Maradona y Kirchner goza buena salud en todo sentido.

La Argentina Insolente

Qué falta le hace esto al país, volver a las reglas simples de nuestra niñez, hoy, desgraciadamente, mayormente perdidas.

El autor del blog.

El Dr. Mario A. Rosen es médico, educador, escritor, y empresario exitoso. Tiene 63 años. Socio fundador de Escuela de Vida, Columbia Training System, y Dr. Rosen & Asociados. Desde hace 15 años coordina grupos de entrenamiento en Educación Responsable para el Adulto. Ha coordinado estos cursos en Neuquén, Córdoba, Tucumán, Rosario, Santa Fe, Bahía Blanca y en Centro América. Médico residente y Becario en Investigación clínica del Consejo Nacional de Residencias Médicas (UBA).. Premio Mezzadra de la Facultad de Ciencias Médicas al mejor trabajo de investigación (UBA). Concurrió a cursos de perfeccionamiento y actualización en conducta humana en EEUU y Europa. Invitado a coordinar cursos de motivación en Amway y Essen Argentina, Dealers de Movicom Bellsouth, EPSA, Alico Seguros, Nature, Laboratorios Parke Davis, Melaleuka Argentina, BASF.


Q  Antes de  imprimir este mensaje piensa si es necesario. Protege el medio ambiente.


La Argentina Insolente
En mi casa me enseñaron bien.
Cuando yo era un niño, en mi casa me enseñaron a honrar dos reglas sagradas:

Regla N° 1: En esta casa las reglas no se discuten.
Regla N° 2: En esta casa se debe respetar a papá y mamá.

Y esta regla se cumplía en ese estricto orden. Una exigencia de mamá, que
nadie discutía... Ni siquiera papá. Astuta la vieja, porque así nos mantenía
A raya con la simple amenaza: “Ya van a ver cuando llegue papá”. Porque las
mamás estaban en su casa.. Porque todos los papás salían a trabajar... Porque
había trabajo para todos los papás, y todos los papás volvían a su casa.

No había que pagar rescate o ir a retirarlos a la morgue. El respeto por la
Autoridad de papá (desde luego, otorgada y sostenida graciosamente por mi
mamá) era razón suficiente para cumplir las reglas.

Usted probablemente dirá que ya desde chiquito yo era un sometido, un
cobarde conformista o, si prefiere, un pequeño fascista, pero acépteme
esto: era muy aliviado saber que uno tenía reglas que respetar. Las reglas
me contenían, me ordenaban y me protegían. Me contenían al darme un
horizonte para que mi mirada no se perdiera en la nada, me protegían porque
podía apoyarme en ellas dado que eran sólidas.. Y me ordenaban porque es
bueno saber a qué atenerse. De lo contrario, uno tiene la sensación de
abismo, abandono y ausencia.

Las reglas a cumplir eran fáciles, claras, memorables y tan reales y
consistentes como eran “lavarse las manos antes de sentarse a la mesa”
o “escuchar cuando los mayores hablan”.

Había otro detalle, las mismas personas que me imponían las reglas eran las
mismas que las cumplían a rajatabla y se encargaban de que todos los de la
casa las cumplieran. No había diferencias. Éramos todos iguales ante la
Sagrada Ley Casera.

Sin embargo, y no lo dude, muchas veces desafié “las reglas” mediante el
sano y excitante proceso de la “travesura” que me permitía acercarme al
borde del universo familiar y conocer exactamente los límites. Siempre era
descubierto, denunciado y castigado apropiadamente..

La travesura y el castigo pertenecían a un mismo sabio proceso que me
permitía mantener intacta mi salud mental. No había culpables sin castigo y
no había castigo sin culpables. No me diga, uno así vive en un mundo
predecible..

El castigo era una salida terapéutica y elegante para todos, pues alejaba el
rencor y trasquilaba a los privilegios. Por lo tanto las travesuras no eran
acumulativas. Tampoco existía el dos por uno. A tal travesura tal castigo.
Nunca me amenazaron con algo que no estuvieran dispuestos y preparados a
cumplir.

Así fue en mi casa. Y así se suponía que era más allá de la esquina de mi
casa. Pero no. Me enseñaron bien, pero estaba todo mal. Lenta y
dolorosamente comprobé que más allá de la esquina de mi casa había
“travesuras” sin “castigo”, y una enorme cantidad de “reglas” que no se
cumplían, porque el que las cumple es simplemente un estúpido (o un boludo,
si me lo permite).

El mundo al cual me arrojaron sin anestesia estaba patas para arriba.
Conocí algo que, desde mi ingenuidad adulta (sí, aún sigo siendo un
ingenuo), nunca pude digerir, pero siempre me lo tengo que comer: "la
impunidad". ¿Quiere saber una cosa? En mi casa no había impunidad. En mi
casa había justicia, justicia simple, clara, e inmediata. Pero también había
piedad.

Le explicaré: Justicia, porque “el que las hace las paga”. Piedad, porque
uno cumplía la condena estipulada y era dispensado, y su dignidad quedaba
intacta y en pie. Al rincón, por tanto tiempo, y listo... Y ni un minuto
más, y ni un minuto menos. Por otra parte, uno tenía la convicción de que
sería atrapado tarde o temprano, así que había que pensar muy bien antes de
sacar los pies del plato.

Las reglas eran claras. Los castigos eran claros. Así fue en mi casa.
Y así creí que sería en la vida. Pero me equivoqué. Hoy debo reconocer que
en mi casa de la infancia había algo que hacía la diferencia, y hacía que
todo funcionara. En mi casa había una “Tercera Regla” no escrita y, como
todas las reglas no escritas, tenía la fuerza de un precepto sagrado. Esta
fue la regla de oro que presidía el comportamiento de mi casa:

Regla N° 3: No sea insolente. Si rompió la regla, acéptelo, hágase
responsable, y haga lo que necesita ser hecho para poner las cosas en su
lugar.

Ésta es la regla que fue demolida en la sociedad en la que vivo. Eso es lo
que nos arruinó. LA INSOLENCIA. Usted puede romper una regla -es su riesgo-
pero si alguien le llama la atención o es atrapado, no sea arrogante e
insolente, tenga el coraje de aceptarlo y hacerse responsable. Pisar el
césped, cruzar por la mitad de la cuadra, pasar semáforos en rojo, tirar
papeles al piso, tratar de pisar a los peatones, todas son travesuras que se
pueden enmendar... a no ser que uno viva en una sociedad plagada de
insolentes. La insolencia de romper la regla, sentirse un vivo, e insultar,
ultrajar y denigrar al que responsablemente intenta advertirle o hacerla
respetar. Así no hay remedio.

El mal de los Argentinos es la insolencia. La insolencia está compuesta de
petulancia, descaro y desvergüenza. La insolencia hace un culto de cuatro
principios:

- Pretender saberlo todo
- Tener razón hasta morir
- No escuchar
- Tú me importas, sólo si me sirves.

La insolencia en mi país admite que la gente se muera de hambre y que los
niños no tengan salud ni educación. La insolencia en mi país logra que los
que no pueden trabajar cobren un subsidio proveniente de los impuestos que
pagan los que sí pueden trabajar (muy justo), pero los que no pueden
trabajar, al mismo tiempo cierran los caminos y no dejan trabajar a los que
sí pueden trabajar para aportar con sus impuestos a aquéllos que,
insolentemente, les impiden trabajar. Léalo otra vez, porque parece mentira.
Así nos vamos a quedar sin trabajo todos.
Porque a la insolencia no le importa, es pequeña, ignorante y arrogante.

Bueno, y así están las cosas. Ah, me olvidaba, ¿Las reglas sagradas de mi
casa serían las mismas que en la suya? Qué interesante. ¿Usted sabe que
demasiada gente me ha dicho que ésas eran también las reglas en sus casas?
Tanta gente me lo confirmó que llegué a la conclusión que somos una inmensa
mayoría. Y entonces me pregunto, si somos tantos, ¿por qué nos acostumbramos
tan fácilmente a los atropellos de los insolentes? Yo se lo voy a contestar.

PORQUE ES MÁS CÓMODO, y uno se acostumbra a cualquier cosa, para no tener
que hacerse responsable. Porque hacerse responsable es tomar un compromiso y
comprometerse es aceptar el riesgo de ser rechazado, o criticado. Además,
aunque somos una inmensa mayoría, no sirve para nada, ellos son pocos pero
muy bien organizados.. Sin embargo, yo quiero saber cuántos somos los que
estamos dispuestos a respetar estas reglas.

Le propongo que hagamos algo para identificarnos entre nosotros. No tire
papeles en la calle. Si ve un papel tirado, levántelo y tírelo en un tacho
de basura. Si no hay un tacho de basura, llévelo con usted hasta que lo
encuentre.. Si ve a alguien tirando un papel en la calle, simplemente
levántelo usted y cumpla con la regla 1. No va a pasar mucho tiempo en que
seamos varios para levantar un mismo papel.

Si es peatón, cruce por donde corresponde y respete los semáforos, aunque no
pase ningún vehículo, quédese parado y respete la regla.

Si es un automovilista, respete los semáforos y respete los derechos del
peatón. Si saca a pasear a su perro, levante los desperdicios.

Todo esto parece muy tonto, pero no lo crea, es el único modo de comenzar a
desprendernos de nuestra proverbial INSOLENCIA. Yo creo que la insolencia
colectiva tiene un solo antídoto, la responsabilidad individual
. Creo que la
grandeza de una nación comienza por aprender a mantenerla limpia y ordenada.
Si todos somos capaces de hacer esto, seremos capaces de hacer cualquier
cosa.

Porque hay que aprender a hacerlo todos los días. Ése es el desafío..
Los insolentes tienen éxito porque son insolentes todos los días, todo el
tiempo. Nuestro país está condenado: O aprende a cargar con la disciplina o
cargará siempre con el arrepentimiento..

¿A USTED QUÉ LE PARECE? ¿PODREMOS RECONOCERNOS EN LA CALLE ?
Espero no haber sido insolente. En ese caso, disculpe.

Dr. Mario Rosen

(¿Sería muy insolente si le pido que lo reenvíe?)

Trece millones de pobres en Argentina

Demuestra la clase de políticos que dirigen el país. Sinverguenzas, corruptos, perversos y totalmente indiferentes a las necesidades de la población . No se explica de otra forma.

Pinche el enlace para ver el informe.

 

 

Trece millones de pobres en Argentina


Apareció en Perú un niño sustraído por su papá

Juan Sebastián Pérez Carro, el niño que fue sustraído por su padre Pablo Pérez Carro, el 24 de abril pasado, en el barrio porteño de Caballito fue hallado en Perú junto a su progenitor. Su madre, Giselle Candia viajó para reencontrarse con su hijo.

Juan Sebastián que cumplió 2 años el pasado 9 de junio y su madre, Giselle Candia, lo buscaba desesperadamente fue encontrado junto a su padre Pablo Pérez Carro en Perú.

El padre aprovechó uno de los tres días de la semana, que le correspondía según el régimen de visitas, y se dio a la fuga, llevándose al menor y sin dejar rastros de su paradero.

Su madre, Giselle Candia, está viajando rumbo a Perú para reencontrarse con el pequeño.

MURIÓ SEINELDIN: UN RECUERDO A SU FAVOR

lo que los medios no dijeron de este hombre.

MURIÓ SEINELDIN: UN RECUERDO A SU FAVOR
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Lunes, 07 de Septiembre de 2009

"Me di por muerto en Malvinas. El resto de mi vida lo pongo al servicio de mi Patria luchando por un proyecto Nacional, para que la presente generacion, si aceptare este desafio, lo enarbole como bandera de Victoria", escribió cierta vez Mohamed Ali Seineldin. También: "En mas de una decada de carcel, el sistema tan solo ha logrado encerrar mis ochenta kilos de carne y huesos. Mi espiritu siempre ha vivido en libertad". Y: "Mientras haya tan solo un grupo de Argentinos, que resistan a ser conquistados, la patria vive". Murió a los 75 años y la ministro de Defensa, Nilda Garré, prohibió que reciba los honores de militar.

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Mohamed Alí Seineldín nació en Concepción del Uruguay, el 12 de noviembre de 1933 y murió en la Ciudad de Buenos Aires, el 2 de septiembre de 2009, a los 75 años a causa de un paro cardíaco, antes de ser trasladado al Sanatorio Otamendi. De reconocida tendencia nacionalista (cercano al nacionalismo católico), considerado rosista-peronista, egresó en 1957 del Colegio Militar de la Nación, por el arma de infantería, fue jefe de una compañía de paracaidistas en Catamarca, fue profesor de la Policía Federal Argentina y de los cursos de Comandos del Ejército.

Combatió en la provincia de Tucumán contra el Ejército Revolucionario del Pueblo; fue considerado el oficial de más alto rango (mayor) que se opuso al golpe militar el 25 de marzo de 1976, volvió a combatir en la Guerra de Malvinas, con el grado de Teniente Coronel al frente del Regimiento Nº 25 de Infantería; con el grado de coronel, en 1984, fue asignado a la República de Panamá como Agregado Militar, hasta el derrocamiento del entonces presidente Manuel Noriega. En 1988, él lideró la rebelión militar 'carapintada' en Villa Martelli, durante la presidencia de Raúl Alfonsín. Durante meses, Carlos Menem y Seineldín se reunieron para crear un "programa de la situación del Ejército como fuerza de Defensa de la soberanía". Pero él se opuso a la nueva relación con USA que inició Menem; y el el 3 de diciembre de 1990 otra vez lideró un alzamiento (el último) 'carapintada' en el que murieron 14 personas. La pena de muerte decretada inicialmente por las presiones de Menem, cambió por cadena perpetua. El 25 de mayo de 2003 recibió el indulto presidencial de Eduardo Duhalde -junto al ex guerrillero Enrique Gorriarán Merlo, y 7 ex militares involucrados en el alzamiento 'carapintada'. Su ideario político puede reconocerse en el Partido Popular de la Reconstrucción (PPR), movimiento político fundado por simpatizantes de Seineldín y ex colaboradores suyos en prácticas militares.
La pretensión del PPR es la de "iniciar un proceso de reconstrucción nacional de salvación de la patria contra la globalización y el Orden Mundial; la restauración de los valores tradicionales que posibilitaron el nacimiento de la Nación, recuperando la Justicia Social, la Soberanía Política y la Independencia Económica como bandera de la causa nacional". En las elecciones presidenciales de 2007 obtuvo 45.318 votos, 0,25% del total. En las elecciones legislativas de 2009 consiguió en la Ciudad de Buenos Aires 2.957 votos -0,16%-, y en la Provincia de Buenos Aires obtuvo 19.226 sufragios, 0,27% del total.

Aqui una Carta Abierta de Seineldin en sus días de prisión:

A Mis Compatriotas
El 2 de Abril es una fecha gloriosa en la historia argentina; merece nuestra recordación y nuestro homenaje. Y lo merecen también quienes cayeron y quienes combatieron heroicamente, porque no sólo es un acto de justicia, es, antes que nada, un acicate exigente para nuestro esfuerzo.
No está en el pasado el valor de cada hecho histórico digno de ese nombre; no está en actos y ceremonias que, por su formato burocrático, comienzan a vaciarse de contenido; no está en los discursos y declaraciones oficiales escritos por amanuenses y pronunciados con énfasis ficticio, que son el tributo hipócrita de quienes traicionan, cotidianamente, el mandato que surge de aquella lucha, los sueños e ilusiones de los que murieron, los sacrificios de los combatientes, el sentimiento casi unánime que por una vez animó a los argentinos.
Ese valor, el valor de esa fecha, está en lo que permanece vivo en el presente; está en el corazón de cada argentino que no haya sido castrado intelectual ni espiritualmente; está en la voluntad que mostremos de mantener bien alta la bandera; está en nuestra inquebrantable decisión de hacer del 2 de Abril el hecho fundacional, la piedra angular de la reconstrucción de la Patria.
Las Causas de Nuestra Condena
Escribo esta carta desde la Prisión Militar de Campo de Mayo
Hace más de siete años que cumplo, junto con mis camaradas, la pena que me fuera impuesta como responsable del pronunciamiento del 3 de Diciembre de 1990. Y ese pronunciamiento, le guste a quien le guste y le moleste a quien le moleste, fue un hecho revolucionario en la historia argentina. No fue un golpe de Estado ni siquiera en grado de tentativa; estuvo en las antípodas de pretender la reivindicación del Proceso ni la de sus hombres; no buscó disminuir penas ni sanciones a quienes las merecieran. Se propuso, simplemente, exigir el cumplimiento de un Proyecto Nacional para el que habíamos sido convocados, que compartíamos y del cual nos sentíamos parte.
Nuestra derrota, que fue también la derrota transitoria del Proyecto Nacional, trajo, junto con las penas que hoy sufrimos, un castigo mucho mayor y más grave que es el falseamiento sistemático de la verdad.
No estamos condenados por ser golpistas, que no lo fuimos; ni por las muertes ocurridas, que no las provocamos.
Estamos condenados por haber sido consecuentes con el espíritu que animaba a las tropas que comandé el 2 de Abril de 1982, al desembarcar en Puerto Argentino, para recuperar esa porción entrañable de nuestro territorio que son y serán las Islas Malvinas.
Estamos condenados por no transigir con las "relaciones carnales" ni con quienes nos proponen dicha indignidad como un rasgo de astucia política; por no creer que la soberanía - o su falta - pueda ser encubierta con un "paraguas".
Estamos condenados por no convalidar, ahora ni nunca, la deserción en la lucha por restablecer en la República Argentina la Soberanía y la Justicia, la Dignidad y el Honor, la Solidaridad y el Amor al Prójimo.
Estamos condenados por no renunciar a la búsqueda de la Grandeza Nacional y la Unidad Iberoamericana.
Estamos condenados por la decisión de quienes verdaderamente mandan en el mundo y a los que rinden pleitesía y acatamiento las autoridades de este gobierno.
Estamos condenados por continuar creyendo que es más importante la Fé en Dios, fuente de toda razón y justicia, y la protección de la Santísima Virgen María, que todas 'las potencias terrenales.
Mi Compromiso
No es, en absoluto, mi situación personal lo que me preocupa, ni lo que me mueve a dirigir esta carta a mis compatriotas. Algunos podrán creer que promueven mí silencio con la ilusión, recurrentemente agitada, de otorgarme el indulto; otros, que lograrán callarme haciendo cumplir hasta el fin de mis días la pena que me fuera impuesta. Nada de eso depende de mí. Pero aunque no quisiera caer en la soberbia de decir que me resulta indiferente, sí puedo afirmar que nunca traicionaré el compromiso asumido ante Dios para con mi Patria y el pueblo argentino; mantener viva la esperanza en quienes no se han rendido ni entregado a los amos de este mundo regido por la usura y cada día más deshumanizado; alentar y respaldar a los que no buscan su provecho personal junto a los procónsules que gobiernan esta Argentina, en la que parece importar más que la dignidad de cada hombre concreto, la vida farandulesca de una nueva oligarquía política sin responsabilidad ni decoro, olvidada de su obligación de servir al Bien Común.
Nosotros no hemos bajado los brazos. Desde donde estemos y como podamos continuaremos la prédica y la lucha por la realización del Proyecto Nacional argentino e iberoamericano inconcluso. No nos abaten las dificultades ni las defecciones, como así tampoco deberá ensoberbecernos el éxito. Al fin de cuentas, la historia nacional que asumimos sin beneficio de inventario, se nutre de ambos.
Los Grandes Objetivos del Proyecto Nacional
Por nuestra parte, sin pretender en modo alguno ser originales, puesto que hemos recogido el ejemplo y las ideas sostenidas por conductores, dirigentes, pensadores nacionales, luchadores y militantes a lo largo de nuestra vida como Nación independiente, que forman como una gran reserva de la dignidad nacional; y sin pretender, tampoco, agotar el tema, que deberá ser enriquecido, profundizado y actualizado por quienes escuchen este llamado y respondan a la convocatoria, sostenemos nuestro compromiso para el logro de los siguientes objetivos:
Hacer de la Nación Argentina una realidad política y social superior a los individuos, los grupos y sectores que la integran. Fuerte en la conciencia de su destino; fuerte material y espiritualmente. Decidida a desempeñar un papel protagónico en Iberoamérica y en el mundo, no por su pueril diligencia en cumplir los mandatos de los poderosos, sino por la inteligente y prudente defensa de nuestra soberanía y nuestros intereses, por la conservación y proyección de nuestra cultura.
Reconstruir y nacionalizar el Estado que ha sido, entre nosotros, menoscabado y vaciado de su condición unificadora de la voluntad política de la Nación, para convertirse en objeto de usufructo de sucesivas camarillas, sometido a poderes e intereses ajenos y subordinado a la voluntad hegemónica de otras naciones y poderes supranacionales.
Contribuir a la formación de una dirigencia política que no tenga compromisos más que con la misión histórica que le corresponde; que sea heredera de los grandes movimientos nacionales y populares del pasado y que encarne, al mismo tiempo, todos los valores creadores y revolucionarios en esta hora de postración colectiva.
Asegurar, dada la trascendencia de las misiones concernientes al Estado, la ejemplaridad de la conducta de quienes desempeñen cargos y asuman responsabilidades en el mismo. Honorabilidad, austeridad, idoneidad y un acendrado espíritu de servicio serán requisitos insoslayables para ocuparlos.
Combatir la corrupción en todas sus formas y manifestaciones. Pero porque no somos mojigatos ni hipócritas, sostenemos que no se combate la corrupción sólo con modificaciones legislativas, ni proclamando a los corruptos "infames traidores a la Patria", ni contratando consultoras externas que sirven sólo para diluir responsabilidades. Se combate con el ejemplo que viene de arriba hacia abajo; se combate restableciendo principios morales y desterrando el indiferentismo; se combate apelando a la conciencia y al honor de cada uno; se combate cuando no se propone como paradigmas de la sociedad a individuos exitosos sólo por la descarada exhibición de su riqueza. Se combate, en fin, cuando no se considera que la corrupción es una característica distintiva del adversario político, que puede y debe ser utilizada en su contra, sino una tentación que cada uno debe destruir, antes que nada, en sí mismo.
La Democracia, la Sociedad y el Trabajo
Proponer una democracia real en la que el pueblo participe activamente, día a día, a través de una pluralidad de asociaciones y organizaciones libres en la definición del destino común, y no una democracia meramente adjetiva y formal en la que la participación del ciudadano tenga lugar sólo el día del comicio. Preferimos un pueblo en estado de efervescencia y movilización por sus derechos y por la justicia antes que el sopor de una siesta complaciente y resignada.
Contribuir a la reconstrucción del tejido social desde sus propias bases para asegurar la plena actividad de hombres y mujeres, de las familias, de los cuerpos intermedios y de las organizaciones libres del pueblo en la vida comunitaria y política. No aceptaremos jamás la irritante división entre los argentinos que más tienen, aislados del resto de la sociedad y sin compartir las esperanzas y los sufrimientos de la misma, y de los marginales y excluidos que, siendo las víctimas del modelo, ya comienzan a ser acusados por no tener el trabajo que buscan, la educación que no se les brinda, ni la paciencia de los santos.
Garantizar a todos los argentinos y habitantes de nuestro suelo el acceso al trabajo como forma que el hombre tiene para asegurar su vida y la de su familia, para alcanzar su pleno desarrollo personal y social y, en última instancia, la dignidad y el respeto. También deberá protegerse toda forma de asociación gremial de los trabajadores tanto para la defensa de sus intereses en la actividad específicamente profesional, como para la colaboración solidaria, ayuda y protección mutua
La Política Exterior
Propiciar con voluntad inquebrantable una política exterior independiente, sin alineamientos automáticos y sin menoscabo para nuestra capacidad de decisión que provenga de hechos y acciones de otros estados nacionales, de organizaciones mundialistas o de estructuras supranacionales de cualquier naturaleza.
Reivindicamos el interés nacional como principio rector en este campo, la autodeterminación de los pueblos y la no intervención en los asuntos internos de otros estados.
Nuestra política exterior debe tener como objetivos garantizar la soberanía nacional, asegurar la libertad de nuestras decisiones, enfrentar la prepotencia globalizadora, defender la cultura, el estilo de vida, el idioma y los valores espirituales, éticos y morales que nos son propios; coadyuvar a nuestro desarrollo económico. y proyectar nuestra personalidad en el campo internacional, no como aliados incondicionales de los imperialismos de turno sino como propulsores de la gran Patria Iberoamericana.
La Economía
No reconocemos a la economía en general, ni al sistema capitalista que prepondera actualmente, ni al mercado en sí mismo, autosuficiencia ética ni una pretendida autonomía técnica derivada de sus propias leyes y normas. Por el contrario, sostenemos que no se debe olvidar que es esencial para la sociedad que el sistema económico que rija, debe producir bienes y servicios útiles y convenientes; que debe asegurarse a la sociedad un control de gestión y de resultados sobre el campo de las finanzas, la producción y el trabajo.
Afirmamos que el crecimiento de la riqueza del conjunto depende de la voluntad y de la capacidad de los argentinos, organizados en sus diversas funciones por la ley civil, por las leyes comerciales y laborales, por las disposiciones de una sana política fiscal y por el sistema de crédito a las actividades privadas y sectoriales, impulsado por los bancos públicos y privados, ordenados y controlados por el Banco Central, como lo ha sido en el caso de las grandes economías nacionales.
Consideramos inaceptables, en cambio, los criterios puestos en práctica actualmente en la materia y que consisten en disuadir la actividad productiva de los argentinos, la que moviliza tanto el capital como el trabajo nacionales, a los que se pretende reemplazar por un endeudamiento que alcanza ya cifras verdaderamente oprobiosas. Ninguna economía, ni nacional ni particular, puede desarrollarse sólo sobre la base del endeudamiento, suscitado formalmente para cubrir los déficits presupuestarios y los saldos negativos del comercio exterior pero, en la realidad, para asegurar nuestra docilidad y sometimiento. Por otra parte, esos saldos negativos de nuestra balanza comercial no son sino la consecuencia directa del estimulo a las importaciones y la disuasión de las exportaciones producidos por el cerrojo cambiario y la sobrevaluación de nuestra moneda.
Nadie en su sano juicio puede pensar, como con singular unanimidad han pensado y llevado a cabo los ministros de economía de los últimos veinte años, que sea saludable, o siquiera soportable, proseguir con el endeudamiento externo en los términos en que se lo hace. No sólo nos enfrentamos a una deuda impagable, sino que la misma es empleada - con la complicidad de nuestros gobernantes - en forma extorsiva, para mantenernos sujetos a los dictámenes de la mundialización económica. Y ello en desmedro de nuestra originalidad cultural, moral y política, llamada a traducirse en un sistema de estímulos y castigos de naturaleza económica que sean expresión cabal de nuestro espíritu nacional, de nuestra soberanía.
La Justicia Social
No aceptaremos que la miseria y la marginalidad social sean la consecuencia de planes económicos que enriquecen a unos pocos, generalmente en connivencia con quienes absorben nuestra riqueza desde el exterior. No confiamos en absoluto en la retórica que asegura que después de esta etapa de concentración habrá de producirse la distribución y un mejoramiento general en el bienestar de la sociedad; no nos conmueven los planes instrumentados o propuestos para esta materia en tiempos preelectorales.
La salud y la seguridad social son derechos de todos los argentinos que el Estado tiene la obligación de garantizar y no un negocio más que, como tantos otros, está destinado a atender con excelencia las necesidades de quienes puedan pagar con holgura, mientras se desproteje progresivamente a los demás estratos de la población.
La Justicia
Con relación a la Justicia, todo el país ha asistido azorado a los episodios de los últimos años en los que la sospecha de corrupción de nuestro sistema judicial ha corrido pareja con la convicción acerca de su ineficacia y de su lentitud, sólo alterada - ésta - por presiones de índole política o por campañas periodísticas de ningún rigor científico y de dudosas intenciones. Por nuestra parte estamos convencidos de que no existe República posible sin jueces probos e inflexibles, llegado el caso, que impongan la Ley por amor a la Justicia y al Bien Común de los argentinos. Pero para ello será preciso efectuar una decidida revisión del plantel de magistrados y funcionarios, garantizar la elección de los mejores y revisar las formas procesales que, sobre todo en materia penal, facilitan eludir la sanción mediante artilugios de sospechosa factura.
La Educación
Sostenemos la necesidad de actualizar y mejorar el sistema educativo como camino para formar hombres y mujeres mejores, patriotas consubstanciados con el destino de toda la comunidad, solidarios y altamente capacitados; para incentivar toda inquietud tendiente a la superación individual; para asegurar la igualdad de oportunidades y la preparación adecuada y rigurosa que permita acompañar y apoyar a un país lanzado al crecimiento y al desarrollo.
Reafirmamos el derecho natural de los padres a la educación de los hijos como derivación inmediata de la naturaleza de la familia. También, no sólo el derecho sino la obligación que tienen de intervenir activamente en esa tarea. Rechazamos el indiferentismo moral y la supresión aviesa de la dimensión trascendente y religiosa en nuestro sistema educativo.
Defensa Nacional y Fuerzas Armadas
La razón de ser de la Defensa Nacional y, en particular, de las Fuerzas Armadas es la Independencia.. Este fue su origen y es también su destino. Casi durante un siglo la Nación fue un ejército en marcha: para conquistar nuestra independencia, para librar las batallas necesarias en defensa de nuestra soberanía, para pacificar el país o para conquistar el desierto. Y luego, para contribuir a integrar a la sociedad a través del servicio Militar Obligatorio, para ser pionero en el desarrollo de nuestras industrias básicas y en la concreción de proyectos tecnológicos y científicos. Y esa continuidad histórica, que culmina en la guerra por nuestras Islas Malvinas, sigue teniendo vigencia para todos los que no hemos renunciado a la herencia de la Nación histórica.
Hoy se habla con frecuencia del estado de indefensión en que se encuentra la Patria. Y si esto es así, la causa hay que buscarla en la pérdida de nuestra voluntad nacional; en la pérdida de nuestra voluntad de ser independientes. Las Fuerzas Armadas son hoy un cuerpo sin espíritu, incapacitadas para el cumplimiento de sus más altos objetivos. Se cumple en ellas la máxima Sanmartiniana: "Serás lo que debas ser o no serás nada".
Un Estado que renuncia al deber constitucional de "proveer a la defensa común" para someterse a los dictados e intereses de otras potencias, no es un Estado Nacional, es sólo un protectorado con tropas para cumplir las misiones que el Imperio le dicte.
El estado actual de las Fuerzas Armadas es consecuencia también del modelo que agobia a la Nación. Vaciadas de su razón de ser son, además atacadas por una hipócrita política de derechos humanos que sólo atiende a remover el odio, la venganza y la muerte. Y no es la búsqueda de la justicia lo que impulsa ese ataque pertinaz, es sólo un medio más utilizado por el imperialismo angloamericano para desarticularnos como Nación y frustrar el Proyecto que reúna a todos los argentinos.
Para poder pensar nuevamente en Fuerzas Armadas que sirvan a los más altos intereses de la Nación, que sean parte de ese anhelado Proyecto Nacional, habrá que reconstruirlas como institución que no esté al servicio de grupos de interés o de partido sino que tenga plena conciencia de su mandato histórico: la Independencia Nacional.
La Seguridad
La seguridad pública está en crisis. Del mismo modo en que el Estado va desentendiéndose de sus responsabilidades en diversas áreas de gobierno para transferirlas al sector privado, se pretende aplicar a la seguridad un modelo impuesto, compartido en este caso con la oposición, que implica de hecho su desarticulación y su privatización parcial. Se conoce el camino recorrido: se dejó crecer la corrupción, se generalizaron las imputaciones para hacer caer el descrédito sobre la totalidad de las instituciones policiales, y ahora se propone la reestructuración del sistema, siguiendo los lineamientos establecidos por grupos de presión transnacionales que son enemigos declarados del orden ciudadano que la Policía representa. Por esto hoy los problemas de la seguridad son también un problema de soberanía nacional.
Muy lejos estamos de creer que no deba hacerse nada, que pueda aceptarse sin cambios un estado de cosas a todas luces gravísimo. Pero del mismo modo, con la misma firmeza, rechazamos el ataque sistemático orquestado contra las fuerzas policiales, para justificar cambios que atentan contra el espíritu mismo del servicio y de la institución.
A diario se multiplican los delitos. El narcotráfico, con todas sus implicaciones y secuelas, está instalado entre nosotros. Es público que existe un tráfico ilegal de armas interno y externo. El ciudadano común, su familia, su trabajo y sus bienes están expuestos a todas las formas del accionar delictivo. Hay delincuentes individuales, hay bandas y hay crimen organizado. Y frente a todo ello, en el seno de la sociedad crece la desconfianza en la Justicia y en las fuerzas de seguridad y policiales, lo que abre las puertas a la justificación de la respuesta más irracional y peligrosa: la seguridad y la justicia por mano propia.
No aceptamos la conformidad y resignación que emanan desde la primera magistratura del Estado al sostener que se trata - el de la seguridad - de un problema mundial. No aceptamos la ridícula propuesta surgida desde sectores de la oposición, acerca de la elección por voto popular de los comisarios; como si a la luz de la experiencia que nos proporciona la realidad, no tuviéramos la obligación de sospechar que el voto no garantiza la honradez ni la moral de los elegidos. No aceptamos que Organizaciones No Gubernamentales mundialistas - que por lo general son más idóneas para salvar delfines que vidas humanas - se hagan cargo del asesoramiento técnico para cualquier reforma policial. No aceptamos que se nos proponga como panacea la privatización de la prevención, elemento primario y esencial de la seguridad pública.
El modelo de reforma en curso en la Provincia de Buenos Aires, acordado entre el oficialismo y la Oposición, sólo asegura, al igual que en otras áreas abandonadas por el Estado, el desamparo de la comunidad. Privatizar la prevención es darle a la delincuencia libertad de acción en los lugares en que vivan ciudadanos que no puedan pagar por su seguridad; y es al mismo tiempo asegurar la protección mediante empresas privadas para quienes sí puedan pagarla. Pero la vida y los bienes de los argentinos no pueden quedar sujetos a las leyes del mercado.
La seguridad pública es un problema de Estado y su solución es compleja. Se hace necesario reformular el marco jurídico, los códigos penales y de procedimiento; es imprescindible reorganizar y disciplinar a las fuerzas de seguridad y policiales con unidad de comando y un espíritu de cuerpo fundado en la vocación de servicio; se debe acertar en la elección de los hombres más capaces y honestos para la conducción; se debe dignificar a los integrantes de los cuerpos policiales y restablecer el honor entre sus miembros. Pero más importante aún que las medidas concretas que deban tomarse para resolver el problema, será el hecho de mostrar desde el poder político, del que dependen las fuerzas de seguridad y policiales, la ejemplaridad de la conducta y un acendrado espíritu de justicia.
Nuestra Convocatoria
Estos, son algunos de nuestros objetivos. Para alcanzarlos hemos conformado un Movimiento y un Partido Político: el Movimiento por la Identidad Nacional e Integración Iberoamericana y el Partido Popular de la Reconstrucción. Están abiertos para todos los que compartan con nosotros estas breves reflexiones.
Es nuestro aporte para reunir las voluntades dispersas. Es nuestro aporte para reunirnos con todos los nacionales que tengan intacta la voluntad de lucha, provengan de donde provengan. Los otros, los que claman en busca de una Patria, pero que rehuyen las incomodidades y los peligros de hacerla - o de intentar hacerla - son los únicos que no la merecen.
No dejemos pasar el tiempo de la reunión. Pero hasta ese momento, hasta que recuperemos el peso y el espacio que nos corresponde a los nacionales, que cada uno de los militantes, cada uno de los pensadores, cada hombre o mujer que anteponga el interés de la Patria y el de sus hermanos al suyo propio vaya -como el sembrador que va dejando caer sus semillas donde encuentra tierra fértil, sin preocuparse de quien habrá de recoger los frutos- sembrando las ideas del amor a la Patria, a la Justicia y a todos los que habitan este hermoso suelo argentino.
POR DIOS Y LA PATRIA
MOHAMED ALI SEINELDIN

Cristina, los periodistas y los guerrilleros

Por Pepe Eliaschev

Frase gruesa y desgraciada, pronunciada por Cristina Kirchner en un acto bullanguero y partidario, desprovisto de todo decoro de ceremonia de Estado. La Presidenta anunció su nueva ley de radio y TV “en nombre de los 118 periodistas detenidos desaparecidos durante la dictadura, que con su vida dieron testimonio de lo que es el verdadero ejercicio de la libertad de prensa”.
¿Alguien puede documentar que en los años ’70 tantos argentinos perdieron la vida por ser periodistas? ¿Es cierto que fue en testimonio de “el verdadero ejercicio de la libertad de prensa” que militaron, combatieron y murieron Héctor Demarchi, Ernesto Fossati, Diana Guerrero, Mario Hernández y Susana Lugones? ¿Cayeron acaso en su condición de “periodistas” Leonardo, Cristina y Guillermo Bettanin, y Jaime Colmenares?
Convencida de que los goles secuestrados equivalen a los millares de detenidos-desaparecidos, la Presidenta menciona irreflexivamente la cifra de 118 que eran o trabajan de periodistas y resultaron muertos durante la dictadura, pero, ajena a esas luchas y a esas lágrimas, contabiliza como “periodistas” a Juan José Ascone, Miguel Ángel Bustos, Dardo Cabo, Haroldo Conti, Alicia Eguren, Luis Guagnini, Raymundo Gleyzer y Norberto Habegger. Todos ellos (a muchos de los cuales conocí mucho, y con varios de los cuales trabajé a la par) fueron militantes de tiempo completo, la mayoría de ellos encuadrados en organizaciones armadas y orgullosamente asumidos como combatientes de Montoneros y el ERP. ¿Por qué Cristina banaliza sus vidas e incluso desvirtúa que las hayan perdido como parte de esos combates sangrientos y sin cuartel? ¿Acaso Conrado Ceretti, Eduardo Marín, Enrique Raab, Cristina Solís, Horacio Speratti, Eduardo Suárez, Patricia Villa, Tilo Wenner, Mario Herrera, Daniel Hopen, eran meros cronistas consagrados unívocamente la tarea periodística? ¿No es una manera siniestra de desvirtuar las apuestas existenciales por las que derramaron su sangre militantes como Ignacio Ikonicoff, Miguel Lizaso, Héctor G. Oesterheld, Rodolfo Ortega Peña, Luis Piriz, Roberto Santoro, Francisco R. Santucho, Elías Semán, Roberto Sinigaglia, Francisco Urondo, Miguel H. Vaca Narvaja (h), Enrique Walter, María Victoria y Rodolfo Walsh, y Miguel A. Zavala Rodríguez retratarlos como periodistas que ofrendaron sus vidas para que salga una ley como la que ahora ambiciona el kirchnerismo? ¿No es una necia maldad considerar como periodistas a los asesinados políticos uruguayos Gerardo Gatti, Héctor Gutiérrez Ruiz y Zelmar Michelini, refugiados y luego liquidados en la Argentina por los sicarios de la Operación Cóndor?
Horacio Agulla, Julián Delgado, Rodolfo Fernández Pondal, Rafael Perrotta y Edgardo Sajón fueron ultimados por el terror de Estado por ser peligrosos testigos de la criminalidad de la dictadura. Ninguno de ellos era montonero ni militante del ERP, pero, ¿los consideraría respetables la fraudulenta retórica oficial y serían honrados por íconos de los derechos humanos kirchneristas, como Hebe Bonafini y Estela Carlotto?
Aunque Cristina pregone ahora que “la libertad de expresión no puede convertirse en libertad de extorsión y que la libertad de prensa no puede ser confundida con la impunidad de los propietarios de la prensa”, tanta alharaca sobre una cuestión delicada, que exige más que ninguna otra una consensuada y verdadera política de Estado, es solo producto la agónica pelea por retener el poder, y no de ninguna recalentada y sobreactuada ideología progresista, como esa de legitimar la ley de medios en las luchas de los insurrectos de los ’70, combatientes de la primera línea que pusieron sus vidas en la trituradora, pero que se habían levantado en armas y las habían usaron, no -por cierto- en aras de un reportaje o para escribir una columna.
Esa decisión banalizante y de pasmosa superficialidad explica las razones del uso cínico de ideas nobles al servicio de ambiciones prosaicas. Ahora, Cristina Kirchner aporta un nuevo capítulo a su trayectoria cada vez más desprejuiciada, al evocar, para capitalizar sin escrúpulos las historias de implacables combatientes, que peleaban, pistola o fusil en mano, contra la democracia burguesa, y que, en verdad, jamás hubieran disparado una sola bala en pro de la pluralidad informativa.

Mi madre y Kirchner

Por Pepe Eliaschev

La calculadora me ha demostrado que Néstor Carlos Kirchner equivale 32 veces a mi madre. Dicho de otra manera, que ella vale 32 veces menos que Kirchner. En una palabra, que tiene el espacio equivalente al 3% de Néstor Kirchner. Mi mamá es una señora de 92 años. Nació en 1917. ¿Cómo puedo yo llegar a decir que el esposo de la presidenta argentina es como 32 madres mías? ¿De dónde puedo yo deducir que mi mamá, la que me dio a luz, es el 3% del señor Kirchner?
El 20 de agosto se supo exactamente el monto de la jubilación que cobra ese vigoroso luchador de la justicia social que es el doctor Kirchner. Según el Registro Único de Beneficiarios de la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSeS), este mes de agosto, el Banco Patagonia S.A. acreditó en el bolsillo de Kirchner 24.762,17 pesos, por haberes jubilatorios.
Kirchner tiene un haber mensual jubilatorio de $17.325,81, a los que hay que agregarle $4.024,92 que recibe por antigüedad, y además una curiosa cifra –curioso concepto- de $2.000, que recibe como “complemento Presidente”, y una compensación jerárquica que dibuja la bonita cifra de $2.839,75. Hay que descontarle $1.428,31 de obra social.
Luego de haber recibido el alta del trámite jubilatorio en febrero de 2008, pocas semanas después de haber asumido la presidencia su esposa Cristina Fernández de Kirchner, él cobra ahora $24.762,17 por mes.
¿Y qué tiene que ver mi mamá con esto? A los 92 años mi madre cobra $770,66. ¿Cuántas veces son 770,66 pesos de la jubilación de mi vieja, comparados con la jubilación de este paladín de la justicia social, que cobra de jubilación $24.762,17? Kirchner cobra 32 jubilaciones de mi madre. Como jubilada, ella recibe a los 92 años, el 3,11% de lo que le dan a Kirchner.
Es un derecho periodístico elemental darle a las informaciones carnadura humana, salir de las abstracciones, poniendo en escena el discurso verdadero del progresismo, sin cuentos, y compararlo con la retórica hipócrita, mentirosa y fraudulenta que con el pretexto de una transformación social ha encaramado en el poder a un matrimonio de híper millonarios. En este sentido es bueno recordar que un hombre que murió el 31 de marzo de este año, Raúl Ricardo Alfonsín, cobraba naturalmente su jubilación presidencial -porque fue presidente primer mandatario de la Argentina, como lo fue Kirchner-, pero donó desde su primer día tras salir del poder, la mitad de esos ingresos a una entidad benemérita de su terruño natal, Chascomús. No se conoce que Kirchner done nada. Durante los largos años de la dictadura militar, y hasta que se metió en política en 1991 -momento desde el cual ha sido empleado público, hasta 2007- se dedicó a hacer dinero, montando un estudio jurídico en la Patagonia, especializado en la ejecución de hipotecas de bienes inmuebles. Estos $24.762,17 de jubilación -32 jubilaciones de lo que cobra mi madre todos los meses, a los 92 años-, son la más cruda fotografía ante la que deberían exponerse los caraduras y sinvergüenzas que, con cartas abiertas o cerradas, siguen imaginando que la Argentina está asistiendo a una transformación social impulsada por verdaderos paladines de la justicia social.

Juan Sebastián Perez Carro - Búsqueda

Juan Sebastián Perez Carro falta a su hogar desde el 24 de Abril de 2009. Edad actual 23 meses. Lugar de residencia Ciudad Autónoma de Bs. As.

Si tiene información contáctse al teléfono 011-4797-9006 o por e-mail a info@missingchildren.org.ar.

Muchas Gracias.