CONTROL K
¿Estamos viviendo bajo una dictadura?
Hace unos meses, durante una entrevista para PERFIL, Guillermo O’Donnell hizo esta declaración estremecedora: “En esta Argentina nuestra, el riesgo de que la democracia muera lentamente es muy fuerte. Un día uno se despierta y se da cuenta de que la democracia ya no está.”
Por Quintín | 28.11.2009 | 00:02
Hace unos meses, durante una entrevista para PERFIL, Guillermo O’Donnell hizo esta declaración estremecedora: “En esta Argentina nuestra, el riesgo de que la democracia muera lentamente es muy fuerte. Un día uno se despierta y se da cuenta de que la democracia ya no está.” Es cierto que un día uno se despierta y se da cuenta de que se quedó pelado o de que perdió interés en su trabajo, aunque esos procesos hayan durado mucho más que la noche anterior. Pero no estoy seguro de que con la democracia ocurra lo mismo; es decir, de que la certeza inequívoca de desaparición sea tan contundente y, mucho menos, aceptada por todos. Después de todo, ningún dictador moderno se describió a sí mismo con esa palabra y hay demasiadas voces dispuestas a sostener el carácter democrático de regímenes abiertamente totalitarios como para creer ingenuamente que ese despertar pesadillesco al que se refiere O’Donnell será compartido por todos.
Pero hay una duda aun más acuciante. ¿No será que ese día ya llegó? ¿No es posible que la Argentina esté viviendo bajo una dictadura sin que todavía nos hayamos dado cuenta cabalmente? ¿No estaremos como al calvo que aún no se miró al espejo con suficiente atención? Para abonar esta sospecha hacen falta, en verdad, unos pocos argumentos, apenas una serie de preguntas. ¿En qué país democrático un gobernador electo por la oposición se pasa al partido de gobierno antes de asumir? ¿En qué país democrático los jueces dependen de un consejo controlado por el Ejecutivo que prefiere mantener en su lugar a los magistrados más impresentables para condicionar así sus fallos? ¿En qué país democrático los mecanismos de control de las acciones del gobierno están completamente desactivados? ¿En qué país democrático un funcionario trampea por años las estadísticas públicas al mismo tiempo que fija los precios de los bienes y servicios a su arbitrio, interviene en las empresas privadas y amenaza de muerte (incluso en público) a los funcionarios que se le resisten? ¿En qué país democrático las derrotas parlamentarias o electorales del gobierno son irrelevantes a la hora de evitar que este imponga sus decisiones en todos los terrenos?
El otro día hablaba con un kirchnerista que me exponía las dos objeciones básicas a mi teoría. Una es que, después de todo, es muy probable que los Kirchner pierdan el gobierno en las elecciones del 2011. Por supuesto, una gran mayoría de los argentinos desea que eso ocurra, pero cada día está más claro que perder el poder no está en los planes de los Kirchner y que, hasta ahora, vienen logrando su objetivo a pesar de las escasas simpatías que despiertan. Nadie sabe qué consecuencias tendrá la reforma electoral que impulsan, ni si los candidatos opositores serán impugnados, procesados o víctimas de cualquier artilugio disponible, del tipo de los que hoy utiliza el Gobierno para apoderarse de Papel Prensa. Desde ya, no pocos kirchneristas tienen diferencias con sus jefes y piensan secretamente que no estaría tan mal dejar el poder. A los que andan por la calle les resulta difícil no reconocer el malhumor colectivo hacia el matrimonio presidencial y, por otra parte, empiezan a advertir que el único lugar posible en el dispositivo oficial será cada vez más claramente el de la obediencia ciega. Desde allí se aferran al último argumento disponible frente a la evidencia del avasallamiento progresivo de las instituciones y la evolución hacia un sistema no sólo cada día menos republicano, sino más plagado de incompetencia, corrupción e injusticia. Dicen los kirchneristas que nadie puede decir que vivimos en una dictadura, dado que no hay presos políticos, muertos por la represión ni casos de censura lo suficientemente flagrantes como para inclinar la balanza en ese aspecto. Efectivamente, allí tienen un punto. Pero entonces se llega al meollo de esta discusión: si los Kirchner están crecientemente dispuestos a domesticar a la prensa y a pasar por encima a la división de poderes, el federalismo y los controles institucionales, ¿qué es lo que va a impedir que en algún momento avancen también contra las libertades personales y que este artículo, para poner un ejemplo, se convierta en delito?
*Periodista y escritor.
PATEAN PARA EL MISMO LADO
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Aqui va la noticia que apareció de madrugada en crónica tv (en su web) para ser presurosamente retirada a eso de las 7 hs. Habrá habido aprietes???????? Puaj!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! El autor del blog. -------------------------------------------------------------------------- PATEAN PARA EL MISMO LADO Los dos tienen vidas complicadas porque, a su manera, siempre eligen ser protagonistas casi excluyentes de todo en lo que participan. |
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Se trata de dos hombres con un fuerte temperamento y con notable poder. Quizá por eso se codean como buenos amigos e, incluso, en medio de sus agetreadas agendas, se hicieron tiempo para hacer un picado. Se trata de Diego Maradona y Néstor Kirchner. Los dos participaron anoche (en realidad protagonizaron) un partido de fútbol informal en un country de Ezeiza. |
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La Argentina Insolente
Qué falta le hace esto al país, volver a las reglas simples de nuestra niñez, hoy, desgraciadamente, mayormente perdidas.
El autor del blog.

El Dr. Mario A. Rosen es médico, educador, escritor, y empresario exitoso. Tiene 63 años. Socio fundador de Escuela de Vida, Columbia Training System, y Dr. Rosen & Asociados. Desde hace 15 años coordina grupos de entrenamiento en Educación Responsable para el Adulto. Ha coordinado estos cursos en Neuquén, Córdoba, Tucumán, Rosario, Santa Fe, Bahía Blanca y en Centro América. Médico residente y Becario en Investigación clínica del Consejo Nacional de Residencias Médicas (UBA).. Premio Mezzadra de la Facultad de Ciencias Médicas al mejor trabajo de investigación (UBA). Concurrió a cursos de perfeccionamiento y actualización en conducta humana en EEUU y Europa. Invitado a coordinar cursos de motivación en Amway y Essen Argentina, Dealers de Movicom Bellsouth, EPSA, Alico Seguros, Nature, Laboratorios Parke Davis, Melaleuka Argentina, BASF.
Q Antes de imprimir este mensaje piensa si es necesario. Protege el medio ambiente.
La Argentina Insolente
En mi casa me enseñaron bien.
Cuando yo era un niño, en mi casa me enseñaron a honrar dos reglas sagradas:
Regla N° 1: En esta casa las reglas no se discuten.
Regla N° 2: En esta casa se debe respetar a papá y mamá.
Y esta regla se cumplía en ese estricto orden. Una exigencia de mamá, que
nadie discutía... Ni siquiera papá. Astuta la vieja, porque así nos mantenía
A raya con la simple amenaza: “Ya van a ver cuando llegue papá”. Porque las
mamás estaban en su casa.. Porque todos los papás salían a trabajar... Porque
había trabajo para todos los papás, y todos los papás volvían a su casa.
No había que pagar rescate o ir a retirarlos a la morgue. El respeto por la
Autoridad de papá (desde luego, otorgada y sostenida graciosamente por mi
mamá) era razón suficiente para cumplir las reglas.
Usted probablemente dirá que ya desde chiquito yo era un sometido, un
cobarde conformista o, si prefiere, un pequeño fascista, pero acépteme
esto: era muy aliviado saber que uno tenía reglas que respetar. Las reglas
me contenían, me ordenaban y me protegían. Me contenían al darme un
horizonte para que mi mirada no se perdiera en la nada, me protegían porque
podía apoyarme en ellas dado que eran sólidas.. Y me ordenaban porque es
bueno saber a qué atenerse. De lo contrario, uno tiene la sensación de
abismo, abandono y ausencia.
Las reglas a cumplir eran fáciles, claras, memorables y tan reales y
consistentes como eran “lavarse las manos antes de sentarse a la mesa”
o “escuchar cuando los mayores hablan”.
Había otro detalle, las mismas personas que me imponían las reglas eran las
mismas que las cumplían a rajatabla y se encargaban de que todos los de la
casa las cumplieran. No había diferencias. Éramos todos iguales ante la
Sagrada Ley Casera.
Sin embargo, y no lo dude, muchas veces desafié “las reglas” mediante el
sano y excitante proceso de la “travesura” que me permitía acercarme al
borde del universo familiar y conocer exactamente los límites. Siempre era
descubierto, denunciado y castigado apropiadamente..
La travesura y el castigo pertenecían a un mismo sabio proceso que me
permitía mantener intacta mi salud mental. No había culpables sin castigo y
no había castigo sin culpables. No me diga, uno así vive en un mundo
predecible..
El castigo era una salida terapéutica y elegante para todos, pues alejaba el
rencor y trasquilaba a los privilegios. Por lo tanto las travesuras no eran
acumulativas. Tampoco existía el dos por uno. A tal travesura tal castigo.
Nunca me amenazaron con algo que no estuvieran dispuestos y preparados a
cumplir.
Así fue en mi casa. Y así se suponía que era más allá de la esquina de mi
casa. Pero no. Me enseñaron bien, pero estaba todo mal. Lenta y
dolorosamente comprobé que más allá de la esquina de mi casa había
“travesuras” sin “castigo”, y una enorme cantidad de “reglas” que no se
cumplían, porque el que las cumple es simplemente un estúpido (o un boludo,
si me lo permite).
El mundo al cual me arrojaron sin anestesia estaba patas para arriba.
Conocí algo que, desde mi ingenuidad adulta (sí, aún sigo siendo un
ingenuo), nunca pude digerir, pero siempre me lo tengo que comer: "la
impunidad". ¿Quiere saber una cosa? En mi casa no había impunidad. En mi
casa había justicia, justicia simple, clara, e inmediata. Pero también había
piedad.
Le explicaré: Justicia, porque “el que las hace las paga”. Piedad, porque
uno cumplía la condena estipulada y era dispensado, y su dignidad quedaba
intacta y en pie. Al rincón, por tanto tiempo, y listo... Y ni un minuto
más, y ni un minuto menos. Por otra parte, uno tenía la convicción de que
sería atrapado tarde o temprano, así que había que pensar muy bien antes de
sacar los pies del plato.
Las reglas eran claras. Los castigos eran claros. Así fue en mi casa.
Y así creí que sería en la vida. Pero me equivoqué. Hoy debo reconocer que
en mi casa de la infancia había algo que hacía la diferencia, y hacía que
todo funcionara. En mi casa había una “Tercera Regla” no escrita y, como
todas las reglas no escritas, tenía la fuerza de un precepto sagrado. Esta
fue la regla de oro que presidía el comportamiento de mi casa:
Regla N° 3: No sea insolente. Si rompió la regla, acéptelo, hágase
responsable, y haga lo que necesita ser hecho para poner las cosas en su
lugar.
Ésta es la regla que fue demolida en la sociedad en la que vivo. Eso es lo
que nos arruinó. LA INSOLENCIA. Usted puede romper una regla -es su riesgo-
pero si alguien le llama la atención o es atrapado, no sea arrogante e
insolente, tenga el coraje de aceptarlo y hacerse responsable. Pisar el
césped, cruzar por la mitad de la cuadra, pasar semáforos en rojo, tirar
papeles al piso, tratar de pisar a los peatones, todas son travesuras que se
pueden enmendar... a no ser que uno viva en una sociedad plagada de
insolentes. La insolencia de romper la regla, sentirse un vivo, e insultar,
ultrajar y denigrar al que responsablemente intenta advertirle o hacerla
respetar. Así no hay remedio.
El mal de los Argentinos es la insolencia. La insolencia está compuesta de
petulancia, descaro y desvergüenza. La insolencia hace un culto de cuatro
principios:
- Pretender saberlo todo
- Tener razón hasta morir
- No escuchar
- Tú me importas, sólo si me sirves.
La insolencia en mi país admite que la gente se muera de hambre y que los
niños no tengan salud ni educación. La insolencia en mi país logra que los
que no pueden trabajar cobren un subsidio proveniente de los impuestos que
pagan los que sí pueden trabajar (muy justo), pero los que no pueden
trabajar, al mismo tiempo cierran los caminos y no dejan trabajar a los que
sí pueden trabajar para aportar con sus impuestos a aquéllos que,
insolentemente, les impiden trabajar. Léalo otra vez, porque parece mentira.
Así nos vamos a quedar sin trabajo todos.
Porque a la insolencia no le importa, es pequeña, ignorante y arrogante.
Bueno, y así están las cosas. Ah, me olvidaba, ¿Las reglas sagradas de mi
casa serían las mismas que en la suya? Qué interesante. ¿Usted sabe que
demasiada gente me ha dicho que ésas eran también las reglas en sus casas?
Tanta gente me lo confirmó que llegué a la conclusión que somos una inmensa
mayoría. Y entonces me pregunto, si somos tantos, ¿por qué nos acostumbramos
tan fácilmente a los atropellos de los insolentes? Yo se lo voy a contestar.
PORQUE ES MÁS CÓMODO, y uno se acostumbra a cualquier cosa, para no tener
que hacerse responsable. Porque hacerse responsable es tomar un compromiso y
comprometerse es aceptar el riesgo de ser rechazado, o criticado. Además,
aunque somos una inmensa mayoría, no sirve para nada, ellos son pocos pero
muy bien organizados.. Sin embargo, yo quiero saber cuántos somos los que
estamos dispuestos a respetar estas reglas.
Le propongo que hagamos algo para identificarnos entre nosotros. No tire
papeles en la calle. Si ve un papel tirado, levántelo y tírelo en un tacho
de basura. Si no hay un tacho de basura, llévelo con usted hasta que lo
encuentre.. Si ve a alguien tirando un papel en la calle, simplemente
levántelo usted y cumpla con la regla 1. No va a pasar mucho tiempo en que
seamos varios para levantar un mismo papel.
Si es peatón, cruce por donde corresponde y respete los semáforos, aunque no
pase ningún vehículo, quédese parado y respete la regla.
Si es un automovilista, respete los semáforos y respete los derechos del
peatón. Si saca a pasear a su perro, levante los desperdicios.
Todo esto parece muy tonto, pero no lo crea, es el único modo de comenzar a
desprendernos de nuestra proverbial INSOLENCIA. Yo creo que la insolencia
colectiva tiene un solo antídoto, la responsabilidad individual. Creo que la
grandeza de una nación comienza por aprender a mantenerla limpia y ordenada.
Si todos somos capaces de hacer esto, seremos capaces de hacer cualquier
cosa.
Porque hay que aprender a hacerlo todos los días. Ése es el desafío..
Los insolentes tienen éxito porque son insolentes todos los días, todo el
tiempo. Nuestro país está condenado: O aprende a cargar con la disciplina o
cargará siempre con el arrepentimiento..
¿A USTED QUÉ LE PARECE? ¿PODREMOS RECONOCERNOS EN LA CALLE ?
Espero no haber sido insolente. En ese caso, disculpe.
Dr. Mario Rosen
(¿Sería muy insolente si le pido que lo reenvíe?)
Trece millones de pobres en Argentina
Demuestra la clase de políticos que dirigen el país. Sinverguenzas, corruptos, perversos y totalmente indiferentes a las necesidades de la población . No se explica de otra forma.
Pinche el enlace para ver el informe.
Trece millones de pobres en Argentina
Apareció en Perú un niño sustraído por su papá
Juan Sebastián Pérez Carro, el niño que fue sustraído por su padre Pablo Pérez Carro, el 24 de abril pasado, en el barrio porteño de Caballito fue hallado en Perú junto a su progenitor. Su madre, Giselle Candia viajó para reencontrarse con su hijo.
Juan Sebastián que cumplió 2 años el pasado 9 de junio y su madre, Giselle Candia, lo buscaba desesperadamente fue encontrado junto a su padre Pablo Pérez Carro en Perú.
El padre aprovechó uno de los tres días de la semana, que le correspondía según el régimen de visitas, y se dio a la fuga, llevándose al menor y sin dejar rastros de su paradero.
Su madre, Giselle Candia, está viajando rumbo a Perú para reencontrarse con el pequeño.
MURIÓ SEINELDIN: UN RECUERDO A SU FAVOR
lo que los medios no dijeron de este hombre.
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MURIÓ SEINELDIN: UN RECUERDO A SU FAVOR
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| Lunes, 07 de Septiembre de 2009 | |
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CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Mohamed Alí Seineldín nació en Concepción del Uruguay, el 12 de noviembre de 1933 y murió en la Ciudad de Buenos Aires, el 2 de septiembre de 2009, a los 75 años a causa de un paro cardíaco, antes de ser trasladado al Sanatorio Otamendi. De reconocida tendencia nacionalista (cercano al nacionalismo católico), considerado rosista-peronista, egresó en 1957 del Colegio Militar de la Nación, por el arma de infantería, fue jefe de una compañía de paracaidistas en Catamarca, fue profesor de la Policía Federal Argentina y de los cursos de Comandos del Ejército. Combatió en la provincia de Tucumán contra el Ejército Revolucionario del Pueblo; fue considerado el oficial de más alto rango (mayor) que se opuso al golpe militar el 25 de marzo de 1976, volvió a combatir en la Guerra de Malvinas, con el grado de Teniente Coronel al frente del Regimiento Nº 25 de Infantería; con el grado de coronel, en 1984, fue asignado a la República de Panamá como Agregado Militar, hasta el derrocamiento del entonces presidente Manuel Noriega. En 1988, él lideró la rebelión militar 'carapintada' en Villa Martelli, durante la presidencia de Raúl Alfonsín. Durante meses, Carlos Menem y Seineldín se reunieron para crear un "programa de la situación del Ejército como fuerza de Defensa de la soberanía". Pero él se opuso a la nueva relación con USA que inició Menem; y el el 3 de diciembre de 1990 otra vez lideró un alzamiento (el último) 'carapintada' en el que murieron 14 personas. La pena de muerte decretada inicialmente por las presiones de Menem, cambió por cadena perpetua. El 25 de mayo de 2003 recibió el indulto presidencial de Eduardo Duhalde -junto al ex guerrillero Enrique Gorriarán Merlo, y 7 ex militares involucrados en el alzamiento 'carapintada'. Su ideario político puede reconocerse en el Partido Popular de la Reconstrucción (PPR), movimiento político fundado por simpatizantes de Seineldín y ex colaboradores suyos en prácticas militares. Aqui una Carta Abierta de Seineldin en sus días de prisión: A Mis Compatriotas |
Cristina, los periodistas y los guerrilleros
Por Pepe Eliaschev
Frase gruesa y desgraciada, pronunciada por Cristina Kirchner en un acto bullanguero y partidario, desprovisto de todo decoro de ceremonia de Estado. La Presidenta anunció su nueva ley de radio y TV “en nombre de los 118 periodistas detenidos desaparecidos durante la dictadura, que con su vida dieron testimonio de lo que es el verdadero ejercicio de la libertad de prensa”.
¿Alguien puede documentar que en los años ’70 tantos argentinos perdieron la vida por ser periodistas? ¿Es cierto que fue en testimonio de “el verdadero ejercicio de la libertad de prensa” que militaron, combatieron y murieron Héctor Demarchi, Ernesto Fossati, Diana Guerrero, Mario Hernández y Susana Lugones? ¿Cayeron acaso en su condición de “periodistas” Leonardo, Cristina y Guillermo Bettanin, y Jaime Colmenares?
Convencida de que los goles secuestrados equivalen a los millares de detenidos-desaparecidos, la Presidenta menciona irreflexivamente la cifra de 118 que eran o trabajan de periodistas y resultaron muertos durante la dictadura, pero, ajena a esas luchas y a esas lágrimas, contabiliza como “periodistas” a Juan José Ascone, Miguel Ángel Bustos, Dardo Cabo, Haroldo Conti, Alicia Eguren, Luis Guagnini, Raymundo Gleyzer y Norberto Habegger. Todos ellos (a muchos de los cuales conocí mucho, y con varios de los cuales trabajé a la par) fueron militantes de tiempo completo, la mayoría de ellos encuadrados en organizaciones armadas y orgullosamente asumidos como combatientes de Montoneros y el ERP. ¿Por qué Cristina banaliza sus vidas e incluso desvirtúa que las hayan perdido como parte de esos combates sangrientos y sin cuartel? ¿Acaso Conrado Ceretti, Eduardo Marín, Enrique Raab, Cristina Solís, Horacio Speratti, Eduardo Suárez, Patricia Villa, Tilo Wenner, Mario Herrera, Daniel Hopen, eran meros cronistas consagrados unívocamente la tarea periodística? ¿No es una manera siniestra de desvirtuar las apuestas existenciales por las que derramaron su sangre militantes como Ignacio Ikonicoff, Miguel Lizaso, Héctor G. Oesterheld, Rodolfo Ortega Peña, Luis Piriz, Roberto Santoro, Francisco R. Santucho, Elías Semán, Roberto Sinigaglia, Francisco Urondo, Miguel H. Vaca Narvaja (h), Enrique Walter, María Victoria y Rodolfo Walsh, y Miguel A. Zavala Rodríguez retratarlos como periodistas que ofrendaron sus vidas para que salga una ley como la que ahora ambiciona el kirchnerismo? ¿No es una necia maldad considerar como periodistas a los asesinados políticos uruguayos Gerardo Gatti, Héctor Gutiérrez Ruiz y Zelmar Michelini, refugiados y luego liquidados en la Argentina por los sicarios de la Operación Cóndor?
Horacio Agulla, Julián Delgado, Rodolfo Fernández Pondal, Rafael Perrotta y Edgardo Sajón fueron ultimados por el terror de Estado por ser peligrosos testigos de la criminalidad de la dictadura. Ninguno de ellos era montonero ni militante del ERP, pero, ¿los consideraría respetables la fraudulenta retórica oficial y serían honrados por íconos de los derechos humanos kirchneristas, como Hebe Bonafini y Estela Carlotto?
Aunque Cristina pregone ahora que “la libertad de expresión no puede convertirse en libertad de extorsión y que la libertad de prensa no puede ser confundida con la impunidad de los propietarios de la prensa”, tanta alharaca sobre una cuestión delicada, que exige más que ninguna otra una consensuada y verdadera política de Estado, es solo producto la agónica pelea por retener el poder, y no de ninguna recalentada y sobreactuada ideología progresista, como esa de legitimar la ley de medios en las luchas de los insurrectos de los ’70, combatientes de la primera línea que pusieron sus vidas en la trituradora, pero que se habían levantado en armas y las habían usaron, no -por cierto- en aras de un reportaje o para escribir una columna.
Esa decisión banalizante y de pasmosa superficialidad explica las razones del uso cínico de ideas nobles al servicio de ambiciones prosaicas. Ahora, Cristina Kirchner aporta un nuevo capítulo a su trayectoria cada vez más desprejuiciada, al evocar, para capitalizar sin escrúpulos las historias de implacables combatientes, que peleaban, pistola o fusil en mano, contra la democracia burguesa, y que, en verdad, jamás hubieran disparado una sola bala en pro de la pluralidad informativa.
Mi madre y Kirchner
Por Pepe Eliaschev
La calculadora me ha demostrado que Néstor Carlos Kirchner equivale 32 veces a mi madre. Dicho de otra manera, que ella vale 32 veces menos que Kirchner. En una palabra, que tiene el espacio equivalente al 3% de Néstor Kirchner. Mi mamá es una señora de 92 años. Nació en 1917. ¿Cómo puedo yo llegar a decir que el esposo de la presidenta argentina es como 32 madres mías? ¿De dónde puedo yo deducir que mi mamá, la que me dio a luz, es el 3% del señor Kirchner?
El 20 de agosto se supo exactamente el monto de la jubilación que cobra ese vigoroso luchador de la justicia social que es el doctor Kirchner. Según el Registro Único de Beneficiarios de la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSeS), este mes de agosto, el Banco Patagonia S.A. acreditó en el bolsillo de Kirchner 24.762,17 pesos, por haberes jubilatorios.
Kirchner tiene un haber mensual jubilatorio de $17.325,81, a los que hay que agregarle $4.024,92 que recibe por antigüedad, y además una curiosa cifra –curioso concepto- de $2.000, que recibe como “complemento Presidente”, y una compensación jerárquica que dibuja la bonita cifra de $2.839,75. Hay que descontarle $1.428,31 de obra social.
Luego de haber recibido el alta del trámite jubilatorio en febrero de 2008, pocas semanas después de haber asumido la presidencia su esposa Cristina Fernández de Kirchner, él cobra ahora $24.762,17 por mes.
¿Y qué tiene que ver mi mamá con esto? A los 92 años mi madre cobra $770,66. ¿Cuántas veces son 770,66 pesos de la jubilación de mi vieja, comparados con la jubilación de este paladín de la justicia social, que cobra de jubilación $24.762,17? Kirchner cobra 32 jubilaciones de mi madre. Como jubilada, ella recibe a los 92 años, el 3,11% de lo que le dan a Kirchner.
Es un derecho periodístico elemental darle a las informaciones carnadura humana, salir de las abstracciones, poniendo en escena el discurso verdadero del progresismo, sin cuentos, y compararlo con la retórica hipócrita, mentirosa y fraudulenta que con el pretexto de una transformación social ha encaramado en el poder a un matrimonio de híper millonarios. En este sentido es bueno recordar que un hombre que murió el 31 de marzo de este año, Raúl Ricardo Alfonsín, cobraba naturalmente su jubilación presidencial -porque fue presidente primer mandatario de la Argentina, como lo fue Kirchner-, pero donó desde su primer día tras salir del poder, la mitad de esos ingresos a una entidad benemérita de su terruño natal, Chascomús. No se conoce que Kirchner done nada. Durante los largos años de la dictadura militar, y hasta que se metió en política en 1991 -momento desde el cual ha sido empleado público, hasta 2007- se dedicó a hacer dinero, montando un estudio jurídico en la Patagonia, especializado en la ejecución de hipotecas de bienes inmuebles. Estos $24.762,17 de jubilación -32 jubilaciones de lo que cobra mi madre todos los meses, a los 92 años-, son la más cruda fotografía ante la que deberían exponerse los caraduras y sinvergüenzas que, con cartas abiertas o cerradas, siguen imaginando que la Argentina está asistiendo a una transformación social impulsada por verdaderos paladines de la justicia social.
Juan Sebastián Perez Carro - Búsqueda

Juan Sebastián Perez Carro falta a su hogar desde el 24 de Abril de 2009. Edad actual 23 meses. Lugar de residencia Ciudad Autónoma de Bs. As.
Si tiene información contáctse al teléfono 011-4797-9006 o por e-mail a info@missingchildren.org.ar.
Muchas Gracias.

Meneame
del.icio.us

"Me di por muerto en Malvinas. El resto de mi vida lo pongo al servicio de mi Patria luchando por un proyecto Nacional, para que la presente generacion, si aceptare este desafio, lo enarbole como bandera de Victoria", escribió cierta vez Mohamed Ali Seineldin. También: "En mas de una decada de carcel, el sistema tan solo ha logrado encerrar mis ochenta kilos de carne y huesos. Mi espiritu siempre ha vivido en libertad". Y: "Mientras haya tan solo un grupo de Argentinos, que resistan a ser conquistados, la patria vive". Murió a los 75 años y la ministro de Defensa, Nilda Garré, prohibió que reciba los honores de militar.